9 de octubre de 2022, 4:00 AM
9 de octubre de 2022, 4:00 AM

Muchas veces nos preguntamos cómo aguanta un país golpeado por la pobreza con tantos paros, bloqueos, amenazas, movilizaciones, carajazos y otros epítetos.

 Tantas veces también desde los balcones y hasta las llanuras más calientes se ha vociferado con los calificativos menos estoicos buscando menoscabar las ideas del otro, las acciones del otro, los proyectos del otro. Sabiendo, además, que ese no es el camino y que por esa vía no se llega a ningún lugar. Mejor dicho, se llega al peor lugar, al de la distancia y la lejanía más fría y miope.

En no pocas ocasiones también el país ha tomado rumbos trastabillantes y briosos, que con un pie en el borde del abismo supo sacar a tiempo. Y como si fuera parte de la cultura, la ciudadanía lo aceptaba subiendo los hombros y agachando la cabeza pensando en lo más profundo y resignada, así somos, qué vamos a hacer.

Y mientras la sangre no llegue al río, todos contentos, porque forma parte del folclore nuestro de cada día.

Pero esta vez la encrucijada es mayor, así como mayúsculo es el perjuicio que nos ocasionamos todos en caso de que no se frene a tiempo, en caso de no poder reflexionar con seriedad e hidalguía.

 Con las mejores intenciones es prudente advertir que el daño puede ser irreparable en caso de un paro indefinido.

Bolivia necesita un censo que sane, no que enferme. Un censo que nos cuide y que nos arrope con la verdad de lo que somos en total integridad. De norte a sur y de este a oeste quiénes somos, cómo somos y cuántos somos. Un espejo límpido y honesto para redescubrir de qué estamos hechos y qué necesitamos para mejorar y sentirnos orgullosos.

Así como estamos de acuerdo de todos los beneficios que trae un censo de población y vivienda, nos es difícil acordar cómo hacerlo, con cuánta gente y ajustar los pasos de la metodología para lograrlo.

Con las nuevas tecnologías y los beneficios que nos dan los generosos inventos que tan bien manejan nuestros jóvenes expertos, sumando la experiencia de los maestros de la estadística y la demografía, podemos también ponernos de acuerdo, no es tan difícil.

Pero todo está en el aire, se ve, así como se percibe la utilización de esta gran encuesta con fines políticos y por ende crece la desconfianza que se ha subido al escenario de la sospecha.

No es conveniente seguir estirando la cuerda, seguir forzando el desacuerdo y caldear el ambiente hasta el punto de ebullición. Todos saldremos quemados, escaldados y lastimados.

La simple ecuación de trabajar para el bien común pareciera ser de otro planeta. Si realmente queremos construir un futuro es menester sentarse hoy a dialogar para sacar lo mejor de nosotros mismos y no lo peor como se ve en este presente inquieto y rabioso.

¿La voluntad de poner el hombro al país tiene fecha de vencimiento? ¿Por qué desechar un censo limpio, pronto y seguro antes de tiempo? Detrás de estas interrogantes está la seguridad de que los días que se vienen no son para nada auspiciosos si no se toman urgentes medidas de coherencia intelectual para reunirse y acordar lo que la ciudadanía espera.

Los tiempos de la democracia en Bolivia requieren de una madurez política acorde a las demandas del ciudadano.

Hoy la historia pone a prueba a una dirigencia que no podrá defraudar el momento. Y el momento crucial ha llegado, es tiempo entonces de sanar viejas heridas con hechos y dejar los discursos de la confrontación en el baúl de los recuerdos. Hoy retroceder no es rendirse, es saber afirmarse e incorporarse con energía y así mirar de frente para lograr los mejores días que nos merecemos.

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