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Prensa muy enemiga

Juan José Toro M 15/4/2021 05:00

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Basta un repaso por las inefables redes sociales para darse cuenta de que el Gobierno realmente cree que un grueso sector de la prensa está trabajando con la oposición y conspirando con esta para dejarlo mal parado. El último síntoma de esa creencia es que culpa a los medios por la derrota que el partido oficialista sufrió en los cuatro departamentos donde se realizó la segunda vuelta de las elecciones subnacionales.

¿Por qué esa creencia? Basta un repaso a los diarios para notar que muchos de estos están exigiendo mejores políticas para la vacunación contra el coronavirus y en muchos temas no aprueban el comportamiento del Gobierno. Para una persona que no ve más allá de sus narices, esa es una prueba de que el periodismo está actuando en concomitancia con la oposición, así que es un enemigo más.

El problema es que ni los oficialistas de ahora, ni los de antes, entienden cuál es la función del periodismo o, peor, esperan que se limite a aplaudir sus logros y reproducir su discurso.

La primera responsabilidad de la prensa es informar sobre lo que ocurre en su sociedad. Si ocurren cosas buenas, informará de estas. Si ocurre lo contrario, y hay cosas malas, las difundirá también. Choca con los políticos debido a que estos creen que no debería de informar sobre lo malo.

Al informar sobre lo malo, la prensa incomoda a los gobiernos y por eso es que generalmente está frente a estos, no a su lado. El periodista que se pone del lado de un gobierno, parcializa su visión hacia ese lado. Lo propio pasa si actúa acorde a la oposición. Lo mejor, por tanto, es guardar distancia de uno y de otro.

Durante las dictaduras, muchos medios fueron cerrados y varios periodistas sufrieron el exilio o la muerte. En la época de los gobiernos neoliberales, fue la prensa la que puso en evidencia sus actos de corrupción, desde Huanchaca hasta los contratos para la venta de gas a Chile. Por ello, los gobiernos de la derecha miraban a los periodistas como enemigos.

El Gobierno izquierdista de Evo Morales fue todavía más duro con la prensa que no se alineaba a su partido. La atacó desde temprano y ordenó que se le quite la publicidad estatal, asfixiándola hasta ahora. En su momento, escribí en esta misma columna que el Gobierno de Áñez no hizo nada para cambiar esa situación.

Al informar sobre lo malo, el periodista solo está haciendo su trabajo y no es justo que se le castigue por eso. Es igual que sancionar al maestro por enseñar o al médico por curar.

Lamentablemente, la derecha nunca entendió esa verdad y, ahora, es la izquierda la que pone al periodismo en el cepo. Como se ve, sus diferencias son solo de forma porque, en el fondo, son la misma cosa.



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