Opinión

Preparando el año 2021

31 de diciembre de 2019, 3:00 AM
31 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Estamos a mitad de camino de la transición entre la recuperación de la democracia y el próximo resultado electoral que la consolidará. Todo se ha modificado, para bien, incluido el MAS que de la manera más insospechada, tendrá otros rostros en la papeleta electoral después de la huida de sus líderes históricos.

Las condiciones electorales del 20 de octubre han cambiado y por lo que vemos, existirán candidatos que despertarán pasiones y generarán rupturas frente a la tradicional, solemne y señorial formalidad política altoperuana.

Decir la mitad del camino no es una metáfora. Entre las nueve organizaciones políticas habilitadas, se vislumbran ajustes y con el derecho que les asiste, algunos reincidirán en su voluntad de apostar contra la realidad y esperar un resultado ya no difícil si no, imposible. El gobernador Patzi, por ejemplo.

Para provocar el análisis, prefiero hablar de tres grandes tendencias que serán puestas en consideración del electorado. Un agrupamiento de los partidos tradicionales que alinearán sectores conservadores; una movilización de centro democrático que volverá a disputar el voto útil que acumuló experiencia en las elecciones de octubre, y el MAS, con una candidatura unificada a la fuerza, más allá de sus contradicciones y juicios por corrupción.

A esta forma tradicional de ver la política, tendremos que incorporar algunas variables imposibles de ignorar; los bloques políticos departamentales que al disminuir el eje ordenador central, darán lugar a la aparición de liderazgos territoriales más nítidos y que en las elecciones fraudulentas, no fueron considerados por ninguno de las propuestas electorales. Para que los departamentos no terminen siendo reinos de taifa, con organizaciones territoriales demandantes, inorgánicas y desorganizadas, la incorporación conceptual de la categoría federal seguirá rondando como una solución de realidad; las unidades territoriales subnacionales tienen que convertirse en generadoras de desarrollo económico local, progreso y excedente que el nivel central, ahora con todos los ensayos ideológicos, no ha podido resolver.

La migración campo-ciudad, periferia-eje central, y eje central-Santa Cruz, continuará de manera irremisible. El departamento de Santa Cruz seguirá siendo el fiel de la balanza, con una organización que demandará creatividad frente a una Bolivia que, física, económica y políticamente se desplaza hacia él. No se trata de un designio divino ni una predestinación. Se debe únicamente a que los 390.000 km2 que se encuentran alrededor de la Ciudad de los Anillos, ofrece una oportunidad de trabajo y crecimiento los 365 días del año, y un mercado de producción y consumo que se ha mantenido a pesar de todas las complicaciones políticas, ambientales y depredatorias. La iniciativa individual y colectiva que crea oportunidades y fuentes de empleo y pelea contra el gobierno para producir más, no resulta siendo un modelo existente en otros departamentos.

Para que el debate no sea distractivo, necesitamos ejecutar correctamente una transición hacia el año 2021 que dará peligrosamente la sensación de ser una gestión normal a sus administradores, que ofrecerá una oportunidad para la rearticulación del MAS, con cambio de escenarios políticos departamentales y construcciones electorales nacionales, todavía imprevisibles

Los datos fijos son una Presidente consciente de su papel, el bono demográfico de nuestra población joven viviendo en ciudades/municipios, la irrupción de las ciudades intermedias y la vida urbana, la migración rural y el descubrimiento que el turismo sostenible puede ser la piedra filosofal de nuestro desarrollo.

Las piezas del rompecabezas, están sobre la mesa.

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