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Presas de la incertidumbre

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En el primer trimestre de 2020, el mundo inició un periodo de inmensa incertidumbre, probablemente solo comparable con las guerras mundiales. La pandemia del covid-19 generó una permanente duda en relación con este virus y el consecuente devenir individual y colectivo.

¿Cómo se originó realmente este mal? ¿Por qué? ¿Cómo hacerle frente? ¿Volverá la vida a ser “normal”? fueron algunas de las tantas preguntas que se generaron desde entonces.

Para el 2021, gracias al aporte de la ciencia, se pudo ver una luz, en medio de las tinieblas que rodean la verdad de la pandemia: la vacuna contra el covid-19. Con ella, y los nuevos descubrimientos en relación al virus, se está enfrentando la afectación del mismo para evitar más pérdidas humanas y contener las inminentes crisis colectivas.

El mundo necesita recuperarse. Esa es una de las pocas certezas que se tiene. Sin embargo, no todos los actores contribuyen a ese cometido.

Por un lado, los grupos de “antivacunas” insisten en conservar una visión individualista, que -como bien advertía Z. Bauman (1999, 2003)- tanto mal le ha hecho a la humanidad, pues prefieren preservar su posición individual de negación, aun cuando esta dañe al colectivo.

Probablemente, no consideran que al rechazar la vacuna no solo se ven afectados a sí mismos, sino a la familia, vecinos, amigos, colegas y a todos quienes estén a su alrededor. Además, al fomentar tantas dudas en relación con la vacuna, disipan una de las pocas certezas que se tiene en este contexto: el efecto de la vacuna para contener la pandemia y disminuir sus niveles de afectación.

Mientras tanto, hay quienes están dispuestos a recibir las dosis respectivas. Sin embargo, no pueden acceder a las mismas por otro grupo de actores que ha contribuido a la incertidumbre de la población, particularmente en Bolivia: los encargados de organizar e implementar la vacunación.

La última noticia, en relación con la falta de las segundas dosis de la vacuna Sputnik V, es uno de los tantos ejemplos que reflejan la falta de planificación, organización y coordinación respecto al proceso de vacunación en Bolivia.

Ciertamente, la otorgación de vacunas ha sido uno de los principales retos en el proceso de inmunización alrededor del mundo. Sin embargo, en otras latitudes, los Estados se han esforzado por dar una valiosa certeza a su ciudadanía: las respectivas fechas de vacunación.

En el caso boliviano, estas citas han estado estrechamente vinculadas con el azar y la buena -o mala- voluntad de quienes han atendido a la ciudadanía, así como a preferencias personales, que algunos tuvieron.

Por lo mismo, es difícil creer en la propaganda de los ministerios de la Presidencia y de Economía, de Bolivia, que indica: “Vacúnate. El Gobierno Nacional cumplió. Cumple con tu parte”. Si ese fuera el caso, los ciudadanos que tenían prevista la segunda dosis de la Sputnik V, en estos días, podrían hacer su parte. Pero aún desconocen la fecha para cumplir ese objetivo. Hasta el domingo 25, no había certezas al respecto.

¿Y qué pasará con las otras dosis? Se preguntará la población que acaba de recibir la primera y que tiene prevista la segunda para agosto, septiembre u octubre. Es algo que no se puede saber con exactitud.

Así, somos presas de la incertidumbre por quienes se niegan a recibir la vacuna, por su posición individual, y por quienes nos niegan la posibilidad de recibirla, por su falta de competencia.

Mientras tanto, se observan esos 14 años en Bolivia, cuando se podría haber construido un sistema de salud público, eficiente y efectivo, para todos los bolivianos. A la incertidumbre, se suma la rabia y la impotencia...

¿Podremos desprendernos de estos sentires colectivos gracias a mejores gestiones? Esperemos que sí, esperemos que el futuro, aún lejano, nos traiga esa certeza.

Guadalupe Peres-Cajías - Alias Agata / Investigadora Social


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