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El primero de mayo la familia Gutiérrez se reunió para un agasajo por el Día del Trabajo y para celebrar el cumpleaños del anfitrión. Sin saberlo, uno de los invitados estaba infectado de Covid-19, tres días después presentó síntomas de la enfermedad y lo corroboró con la prueba que dio positivo al virus.

Dos semanas después del encuentro, siete integrantes de la familia presentaron síntomas, incluido el padre del anfitrión que ya había recibido la primera dosis contra el Covid-19. Cuatro de los asistentes no se contagiaron y dos de ellos creen que están inmunes porque recientemente vencieron la enfermedad. Afortunadamente todos los infectados desarrollaron síntomas leves, excepto una persona que requirió internación por más de una semana.

El caso de esta familia Gutiérrez encaja en la preocupación de las autoridades sanitarias que advierten que los eventos familiares y sociales se convierten en “superpropagadores del virus” y creen que son los principales causantes de la escalada de contagios que se vive en estos momentos en las principales regiones del país.

Y hay un dato más, el secretario de Desarrollo Humano de la Gobernación cruceña, Fernando Pacheco, indicó -basado en los informes que tienen de los contagiados en la ciudad capital- que una gran cantidad de los contagios se da en eventos nocturnos, porque es por las noches cuantdo la gente sale a juntes, churrascos y fiestas con amigos o con familiares.

De hecho, una encuesta realizada a cien personas en Cochabamba por la Plataforma Cochabamba Sin Virus a personas que tuvieron Covid-19, revela que el 53% de los encuestados se contagió en reuniones sociales, donde compartieron bebidas o alimentos. Un19% se contagió mientras atendía a un familiar con Covid-19, un 11% en un mercado o almacén; un 7% en un hospital o clínica; un 6% en una sala de espera de una terminal de buses o aeropuerto; y un 4% en un vehículo de transporte público.

La Plataforma Cochabamba Sin Virus subió a sus redes un video para explicar por qué los eventos donde se comparten bebidas y comidas son propagadores del virus. Explican que una de las razones es que, para llevar los alimentos a la boca, hay que quitarse el barbijo y ahí entra en juego el papel de los aerosoles, que sin protección se expanden simplemente al hablar. Los riesgos aumentan si se habla en voz alta o si se canta, más aún si el evento es un lugar cerrado. Saludos, abrazos, bailes y estar juntos compartiendo alimentos, besos y otros objetos elevan el riesgo.

El secretario de Desarrollo Humano de la Gobernación cruceña explica que se ha visto que en Santa Cruz cuando más se junta la gente es en el horario nocturno, de ahí la importancia de restringir la circulación por las noches, ya que la gente sale a reunirse con amigos o con la familia después del trabajo. Los fines de semana, especialmente los domingos, son días en que las familias se visitan y esto conlleva más riesgo de contagio.

LOS AEROSOLES

Según un modelo desarrollado por un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Química, en Alemania, el factor decisivo para el contagio en eventos sociales y familiares es la cantidad de aerosoles, las pequeñas partículas que flotan en el aire, gotas minúsculas de menos de cinco micras de diámetro (0,005 milímetros).

Los aerosoles aumentan con el volumen e intensidad de la voz de una persona. Si se habla en voz alta, la habitación se llena de aerosoles con más rapidez y, si esa persona está contagiada, se esparcen entre los aerosoles partículas del virus que pueden ser inhaladas por otras personas y traducirse en un contagio.

La conclusión principal es que la ventilación de la habitación y el uso permanente de mascarillas marcan la diferencia y reducen el riesgo de infección individual en una proporción similar al de sistemas de filtrado de aire de alta calidad, tipo HEPA, según los investigadores.

Independientemente del número de personas, la ventilación o lo largas que sean las conversaciones, si hay una persona contagiada en el grupo el riesgo de contagio es del 100 % si no se usa mascarilla y si se habla a gritos o se canta.

No hay escapatoria. Sin mascarilla y sin ventilación, la probabilidad de un contagio es de 100 % siempre que no se controle el volumen de la conversación. Y aunque el tono de voz fuera el de una charla normal y la persona que llegó contagiada no hablara durante la mitad de la velada, la probabilidad de un contagio individual no bajaría del 36 % y de tres contagiados en una reunión de diez personas, además del previamente infectado.


NO HAY COMIDA SEGURA SIN MASCARILLA

Sin mascarilla, no hay comida segura. En una celebración es imposible estar todo el rato con la mascarilla puesta, ya que gran parte del encuentro transcurrirá alrededor de una mesa. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja su uso en las reuniones familiares para reducir el impacto de la tercera ola en el continente.

Si se prescinde de ella todo el tiempo, en uno de cada dos casos se contagiarán todos los asistentes sin excepción. Y aunque se tuviera la ventana abierta a ratos y se hablase de forma moderada, siempre se contagiaría al menos una persona más. Por tanto, habría que tomarse en serio la recomendación de no quitarse la mascarilla a no ser que se esté comiendo y bebiendo.

OPCIONES SEGURAS

De esta manera, ¿cuáles son las opciones más seguras para cada tipo de reunión? En el caso de una reunión de seis personas, aunque hubiera una persona contagiada, no se transmitiría el Covid-19 a ningún otro de los comensales si se usa mascarilla todo el tiempo posible, se ventila la estancia diez minutos en cada hora y el tiempo de conversación y el volumen de la voz son contenidos, según este modelo publicado en medios digitales.

A la hora de la comida no comparta los alimentos de un mismo plato y lo mejor que es una sola persona se encargue de servir la comida.


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