2 de octubre de 2021, 5:00 AM
2 de octubre de 2021, 5:00 AM

El MAS borra con el codo lo que escribió con la mano. Así podría resumirse la actitud de este partido político con las naciones indígenas, especialmente de tierras bajas. El Gobierno de Evo Morales se vendió al mundo como defensor de los pueblos originarios, él mismo fue considerado el primer presidente indígena. Sin embargo, ahora es precisamente el Movimiento Al Socialismo en el poder el que aplasta los derechos de estos ciudadanos, a los que no les queda más que seguir una lucha, que ya lleva 30 años, en busca de reconocimiento y validación.


La lucha es de larga data. La Primera Marcha Indígena se realizó en 1990 y su demanda principal era tierra y territorio. Ya van 11 movilizaciones y la demanda es la misma, porque si bien la Constitución Política del Estado reconoce las tierras de los pueblos originarios, una serie de leyes posteriores han ido distorsionando el derecho, al punto de que en la actualidad hay comunidades originarias que están siendo desplazadas por los llamados interculturales, que no son más que campesinos colonizadores que tienen el aval del gobierno del MAS para avanzar, avasallar e imponerse vulnerando no solo el derecho a la tierra y al trabajo sino también a la propia identidad de los pueblos originarios de tierras bajas.

En 2002 los pueblos indígenas marcharon también y pidieron una Asamblea Constituyente para ser reconocidos por la Carta Magna y así iniciar un nuevo tiempo para ellos. El MAS los incluyó e hizo bandera con ellos. Tienen representación política, pero la bancada es reducida y la participación es limitada. Se reconoció la justicia indígena en el papel, pero en la práctica es invalidada y menospreciada.
 
A la vulneración de los derechos se suma una vil práctica, el fomento a la división a través de la prebenda. Desde que Evo Morales era presidente, una de las estrategias del poder fue fracturar el movimiento indígena de tierras bajas. Para eso usaron el corrupto Fondo Indígena y una serie de manipulaciones. Ahora mismo se pueden ver con claridad que cuando el presidente Luis Arce se reúne con dirigentes originarios de tierras bajas, lo hace con los que son afines al gobierno masista. Para hablar con los caciques que llevan la lucha durante 30 años, es decir con los que no se rinden ante el poder, mandan a los mandos medios y pretenden que las demandas sean canalizadas vía organizaciones paralelas.

La Marcha Indígena, que llegó el jueves a Santa Cruz de la Sierra, después de 37 días de sacrificado avance, con mujeres, niños, ancianos ya no tiene un pliego petitorio, como pretende el gobierno nacional. Esta movilización dice ‘aquí estamos’, ‘somos bolivianos’ y ‘exigimos que se cumplan nuestros derechos’. Por esa razón, plantean no solo un encuentro con el presidente o el vicepresidente del Estado, sino con todos los poderes.

A su favor está el hecho de que lo que no entiende el gobierno central, lo entiende la ciudadanía y lo demuestra con el multitudinario y cálido recibimiento a los marchistas en su ingreso a Santa Cruz de la Sierra. En realidad, el pueblo valida a los indígenas de tierras bajas y también demuestra que está dispuesto a defenderlos.

Si el gobierno nacional no tiene en su agenda la ocupación de tierras bajas con afines al MAS, para domar a la rebelde Santa Cruz, entonces debería escuchar el clamor de que paren los avasallamientos de tierras y la invasión cultural de occidente a oriente. Si el gobierno respetara la Constitución que se elaboró con mayoría masista, debería respetarse a todas las naciones de este país: las de tierras altas y las de tierras bajas. Si el gobierno gobernara para todos, atendería con responsabilidad las demandas y las necesidades de todos los ciudadanos.


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