Opinión

Que renuncien los vocales electorales

3 de noviembre de 2019, 3:00 AM
3 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Y a tocaron fondo, su actuación es más que inaceptable, ha sido tóxica para Bolivia. Los vocales del Tribunal Supremo Electoral deben renunciar de inmediato.

Sus decisiones, acciones y omisiones son la causa raíz de que el país esté sumido en una crisis política que no tiene salida visible en este momento.

Estos señores: María Eugenia Choque, Lucy Cruz, Lidia Iriarte, Ildefonso Mamani y Édgar Gonzales, así como su ex colega Antonio Costas, parecen haber hecho todo mal deliberadamente. No solo es su pésimo desempeño, sino que cada día son capaces de hacerlo peor.

Fueron ellos mismos los que detonaron la confianza que los ciudadanos podían tener en el ente que dirigen. Favorecieron descaradamente al MAS durante la campaña, se hicieron los de la vista gorda frente a hechos tan escandalosos como que un alcalde de ese partido en Pando promueva la salida de una máquina de registro biométrico para inscribir, entre gallos y medianoche, a gente de otro departamento.

Callaron sin vergüenza cuando el candidato Evo Morales ofreció obras a cambio de votos o cuando otros candidatos regalaron cocinas a cambio de apoyo.

El día de las elecciones ordenaron interrumpir la transmisión rápida de datos. Como en todo, lo hicieron sin argumentos convincentes, improvisando y a la mala.

Después, mandaron a cerrar cómputos en Beni y en Potosí, pese a que ya antes se había anunciado la repetición de votación en algunas mesas de Trinidad y a que tenían extraviadas 200 actas en Potosí.

Nada importó, había que entregar los datos al 100%. No valió el creciente malestar por las sospechas sobre el triunfo de Evo Morales en primera vuelta ni las conclusiones de la Misión de Observadores de la OEA, que ya señalaba un grave problema de credibilidad en el Órgano Electoral.

 Cuando las protestas eran incontenibles, lejos de detenerse, sacaron el cómputo oficial. Hasta el gobierno, que fue el más favorecido, dio razón a las dudas y convocó a la OEA para que haga una auditoría a los resultados oficiales de la elección.

Pero los vocales no se dan por enterados, para ellos la cuenta final de Órgano Electoral es inamovible.

“Por ningún motivo se podría anular una elección”, declaran. Mientras los vocales electorales siguen sumergidos en su propia burbuja, que les crea una realidad paralela, han ido surgiendo nuevas denuncias sobre su mal desempeño.

Por un lado, ingenieros de sistemas encontraron inconsistencia de datos en el TREP y en el cómputo oficial; también se denunció que miles de fallecidos votaron; que hay actas adulteradas; que se utilizaron cédulas de identidad con extraña numeración. Si lo anterior no basta, el gerente de la empresa Neotec (responsable del Sistema de Transmisión Rápida de Datos) cree que pudo haber fraude y sugiere hallar cómo fue sistematizado; denunció a los vocales de ordenarle suspender la transmisión de datos con argumentos que no son serios y consideró que tal actuación fue “desastrosa”.

Enviados de la OEA hacen una auditoría a las elecciones, cuyos resultados no serán creíbles si solo se basan en datos proporcionados por el dudoso Órgano Electoral; por lo que será recomendable que esta misión se abra, escuche y estudie las denuncias de fraude hechas por la sociedad civil. Hasta aquí ya hay suficiente irregularidad como para que los vocales electorales se vayan. Uno de ellos, Antonio Costas, ya lo hizo, pero ni así exime su responsabilidad sobre actuaciones previas a las elecciones.

La decencia debería hacer que el resto renuncie de inmediato. Para Bolivia, ellos y su responsabilidad sobre el actual estado de las cosas es evidente y su permanencia es intolerable.

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