Opinión

“Qu’ils mangent de la brioche”

6 de noviembre de 2019, 3:00 AM
6 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Popularmente se le atribuye a María Antonieta de Austria, reina de Francia y Navarra, la frase: “si no tienen pan, que coman pasteles”, cuando fue advertida que el pueblo francés sufría una grave hambruna en la víspera de la sangrienta revolución francesa.

Sea verídica o no esa frase, es difícil no asociarla con el ya célebre pedido de Evo Morales de hacer cuarto intermedio a las protestas, debido a que no tenemos fútbol profesional desde hace semanas.

Esa indolencia y alejamiento kilométrico de la realidad, resulta incomprensible por la falta de sensibilidad ante una crisis institucional, social y política no vista en Bolivia desde hace ya varios años.

Guste o no, han surgido auténticos liderazgos en todo el país, a la cabeza de Santa Cruz y su líder cívico, que ha sabido unir a un pueblo muy diverso y golpeado por la división, que sin complejos encabeza una rebelión histórica, sobre todo por su carácter cívico de auto-convocatoria.

Pero no se trata del seguimiento a un caudillo, sino que la articulación de la rebelión cuenta con cientos o, más bien, miles de líderes que arman un fuerte esqueleto de inquebrantable espíritu y gran unidad esparcido en un territorio inmenso, como es nuestra capital.

No quisiera estar en el pellejo de ningún funcionario o partidario del régimen, ya que esto que ha despertado encarna las verdaderas características de una revolución de gran calado y alto alcance: diversidad de opinión, creencias e ideología, diversidad étnica, diversidad socio-económica y sobre todo, alegría con mucha firmeza y convicción.

Este pueblo está parado hace dos semanas, y no se sabe cuánto tiempo más lo estará, porque cada día que pasa está más firme y menos temeroso del porvenir. La gente entendió que el presente y el futuro es propiedad de quien lo quiera tomar con decisión. La gente ya ha hecho enormes sacrificios humanos y materiales y está dispuesta a mucho más.

Para fortuna de la libertad, si en este pueblo se acaba el pan, aparece la asociación espontánea que lo caracteriza y brinda olla común, que nutre a sus guerreros, no solo con comida, sino con ánimos, compañerismo y espíritu de lucha.

La gente está verdaderamente cansada, pero no de protestar, la gente se cansó del abuso institucionalizado por el odio, la división y la soberbia. Hay sobradas razones para entender que lo que está pasando, si bien es muy complejo, solo ha traído ganancia. Pase lo que pase.



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