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4 de julio de 2022, 4:00 AM
4 de julio de 2022, 4:00 AM

Los datos comienzan a preocupar. Los contagios suben como espuma a pesar de los consejos protocolares y algunas medidas que muchos han estado sosteniendo. La quinta ola está con nosotros y toma fuerza.

En Santa Cruz, por ejemplo, los muertos se cuentan con los dedos de una mano, pero es que ya nos habíamos acostumbrado a una inexistente tasa de mortalidad. Las vacunas habían hecho ‘el milagro’ y si bien era cuestión de cuidarse moderadamente, no había que sufrir pérdidas humanas, ni la saturación de camas que nos había mortificado, ni el padecimiento del personal médico como en otras épocas.

Hoy los casos se han multiplicado, los protocolos se han esfumado y la quinta ola ha comenzado a apretar el acelerador. Confiar en que la inmunidad adquirida es eterna es un error. Vemos que los nuevos informes diarios de salud no son alentadores, porque de la primera dosis en el departamento de Santa Cruz hay un 58% de las personas vacunadas y un 47% con la segunda dosis aplicada. Es prudente y necesario remarcar que la inmunidad de la primera dosis ha bajado su potencia y por eso los refuerzos son necesarios. El virus busca nuevos cuerpos y la tendencia de las nuevas sub-variantes es contagiar sin freno. Llama la atención que solo un 16% de la población referida ha sido vacunada con la tercera dosis, un porcentaje realmente bajo que implica que la deseada inmunidad de rebaño, que oscila entre un 60 y 70%, está lejos de ser alcanzada.

Por su parte en el país las cifras nos indican que la tendencia de no vacunados no es diferente.

De acuerdo a datos oficiales, se han colocado 6,3 millones de primeras dosis, 5 millones de segundas dosis, 1,7 millones de terceras dosis y 257.000 cuartas dosis. Es notable la caída de la curva entre segunda y tercera dosis aplicada y un descenso preocupante entre terceras y cuartas dosis.

Estamos bajando la guardia peligrosamente en medio de una quinta ola que puede complicarnos otra vez nuestras actividades laborales y económicas, nuestras relaciones sociales y por supuesto nuestra salud.

Pareciera entonces que los poco más de 4.000 vacunados por día no alcanzan para enfrentar una situación que se torna cada día más peligrosa, que a pesar de la advertencia insistente de las autoridades, el interés por la propia salud ha decaído.

A esto se suman los incesantes paros de salud que golpean la situación de miles de cruceños que no solo intentan, por necesidad extrema, hacer sus consultas, tratamientos y curaciones sino las intervenciones quirúrgicas que se deben reprogramar constantemente sin tomar en cuenta que la vida de esas personas está pendiente de un hilo llamado vida.

La insensibilidad y la politiquería están arruinando la vida de miles de bolivianos y bolivianas que son desatendidos y postergados sin encontrar respuestas de unos ni de otros.

En algo ayudará el descanso pedagógico donde los contagios se han reproducido en varios centros portando a sus casas el virus de 2019 ingresado a Bolivia en marzo de 2020.

Es momento entonces de reforzar la vacunación en este sector de la población en este invierno que se avizora con más contagios. Se necesitarán nuevas medidas fuertes, serias y contundentes para prevenir antes que lamentar.

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