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27 de septiembre de 2023, 4:00 AM
27 de septiembre de 2023, 4:00 AM

Por Roberto Unterladstaetter K.- Ingeniero agrónomo

La quinua (Chenopodium quinoa) es un cultivo importante para alimentación humana en la región andina de Sudamérica (FAO 1998). De ser considerado en el pasado como un “cultivo de indios”, actualmente es reconocido como uno de los cultivos subutilizados más promisorio y estratégico a nivel mundial, debido a su potencial en el logro de la seguridad alimentaria nutricional, su utilidad para la erradicación de la pobreza, como alternativa para solucionar los graves problemas de nutrición humana en países subdesarrollados considerando su potencial gastronómico y comercial.

La quínoa es una de las plantas más versátiles que existen. Crece desde el nivel del mar hasta los 4.000 metros de altura. La quinua tiene una extraordinaria adaptabilidad a diferentes pisos ecológicos. Soporta temperaturas desde -4°C hasta +38°C. Es una planta eficiente en agua, es tolerante y resistente a la falta de humedad en el suelo (FAO, 2011). La quinua se adapta a diferentes tipos de suelos y climas, soporta muy bien la escasez de agua y es considerada por la OMS como uno de los alimentos recomendados para el futuro.

Hay quínoa de valles secos y de valles húmedos (Perú, Ecuador y Colombia), del Altiplano (alrededores del lago Titicaca), de los salares (sur de Bolivia) y del nivel del mar (Chile). Mientras los españoles colonizaban América, un mundo nuevo de sabores colonizó los paladares de los habitantes del Viejo Continente. La papa, el tomate, el maíz, el chocolate, el maní, el ají, la vainilla, la palta, la piña, etc.

Si se suman los porcentajes destinados al mercado exterior y el contrabando, que en su mayoría puede afirmarse que sale al Perú y de allí al mercado exterior, resulta que casi tres cuartas partes de la producción boliviana son para exportación. La parte destinada al mercado interior también cambia; de ser la población rural pobre la principal consumidora pasa a ser la clase media y alta boliviana el destino final.

Según la FAO, la quinua ha presentado crecimiento en su aceptación, pues entre el 2009 y el 2013 se ha triplicado el consumo interno, pasando de 0,35 kg a 1,11 kg per cápita. “La quinua boliviana en su mala hora” así, con ese título, un reconocido economista resumió el desplome de la producción y las exportaciones de la quinua boliviana. “No existe un desarrollo tecnológico acorde con la importancia que gradualmente ha ido ganando este cultivo.

“No hicimos bien la tarea en el país, aunque sí Perú, y los resultados están a la vista”, según el economista, al relievar que duele ver que quienes pudieron convertirse en agroempresarios en el Altiplano, no lo hicieron, perdiendo así la gran oportunidad de mejorar su calidad de vida y la de sus comunidades. El rendimiento promedio de quinua a nivel de Bolivia, está alrededor de solo 560 kg por hectárea (unos 12 quintales por hectárea).

Otra fuente indica que los rendimientos por cada hectárea producida en Bolivia mermaron desde 6,45 quintales a 5,90 quintales, refiere un informe de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Mientras tanto el rendimiento promedio en Perú para la zona de Puno muy similar a las zonas productoras de Bolivia fue de 2.700 kg/ha (Rev. Investigación Alto Andina. vol. 23 No. 4 Puno oct./dic. 2022).

La quinua avanzó espacialmente sobre otras actividades productivas (papa, ganadería de pastoreo) con una clara tendencia hacia el monocultivo en respuesta al incremento en la demanda internacional manifestada en el incremento de los precios.

De ser un producto básico para la alimentación nacional, prioritariamente dirigido al mercado interior, se ha volcado hacia el mercado exterior sin límites como las restricciones y prohibiciones impuestas para exportar los productos agrícolas excedentarios del Oriente, estrategia fracasada del andino-egocentrismo. Tradicionalmente el pastoreo de llamas fue una importante actividad económica, proveedora tradicional de abono en la región hasta la entrada de tractores en la actividad agrícola de la zona altiplánica en los años 90, las llamas son (eran) proveedoras tradicionales de abono en esa región.

Varios trabajos científicos de la UMSA demuestran una fuerte correlación entre el contenido de materia orgánica “abono” en el suelo y el rendimiento de la quinua. El cambio del pastoreo al cultivo de quinua mecanizado ha generado una ruptura en el complejo “quinua-camélido” percibido en el elevado costo del estiércol animal (Los camélidos andinos tienen el hábito de formar estercoleros, sitios concentrados en determinadas áreas donde se reúnen a defecar, lugar de donde se obtenía de una manera más o menos fácil y económica el abono orgánico).

La falta de visión, estrategias o modelos de desarrollo de los políticos altoperuanos que permanentemente cuestionan al modelo de desarrollo cruceño, está más que evidenciado.
Sucede que un Ing. Agr. especialista en mejoramiento de cultivos y un agricultor de la zona norte coordinaron para desarrollar variedades de quinua adaptadas al “trópico”. 

La FINE (Facultad Integral del Noreste/Uagrm) se interesó en el proyecto y el resultado es que hoy día la quinua se convierte en otra especie muy útil en la rotación con la soya y otros cultivos en la dinámica de la agricultura moderna, sostenible y de siembra directa como son el trigo, girasol, sorgo, maíz y cultivos de mejoramiento de suelos como nabo forrajero, alforfón, arveja, crotalaria, etc., con el propósito de promover la agricultura sostenible con buenas prácticas agrícolas promovidas por los malos de la película: “Los soyeros”.

Gracias a la Providencia, con la quinua andina sucederá lo mismo que con todos los que tuvieron la visión, oportunidad y suerte de dejar lo “sagrado”, lo atávico y los complejos pluricausales para ser libres y al llegar a estos lugares, recibir el espacio, el cuidado, el apoyo y lo necesario para desarrollarse y ser útiles para beneficio de toda la nación y la humanidad.

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