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Como humanidad nos encontramos llenos de complejidades, vanidades, apariencias, envidias y caprichos, cundidos de los denominados “siete pecados capitales o vicios cardinales”, por ende, no podemos autoengañarnos y pensar que las grandes potencias se mueven exclusivamente por criterios maniqueístas de bondad, se mueven por intereses egoístas principalmente de orden económico y geoestratégico.

Lee Jun-fan (Bruce Lee) con justa razón afirmaba: “Esperar que la vida te trate bien por ser buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano”.

Por ejemplo, hay quienes, habiéndose enriquecido a punta de corrupción (aprovechándose o siendo permisivos con ella) o que obtuvieron sus riquezas mediante fuego y sangre, pretendiendo olvidar su pasado, resulta que casi siempre desean sacar provecho de todo al menor costo posible; por ende, su molestia es enorme cuando no lo consiguen conforme a sus caprichos, al extremo absurdo de victimizarse y considerar que son los otros los adustos e injustos, quienes a su parecer se aprovechan de ellos.

En este nivel de pérdida del sentido común es el que nos lleva a guerras permanentes en el mundo, no sólo las bélicas también se suman con mayor intensidad los medios de comunicación constituidos como “armas de comunicación masiva”, llegando a ser los principales aliados a esta guerra permanente que se libra a través de la manipulación psicológica, a veces consciente y otras veces motivada por falta de recursos y la presión de la inmediatez actual. En el ciberespacio también se libran batallas con guerrillas digitales que distraen, embaucan, incentivan la frivolidad, confunden, entretienen, desenfocan, aumentan la polución informativa y hacen difícil desentrañar los orígenes y motivaciones de quienes están implicados.

Lo triste, cruel y anecdótico de todo esto, es que mientras las potencias mundiales aplican a otros países, postulados egoístas, abusivos y brutales de política exterior que versa: “divide y reinarás”, resulta que exactamente lo mismo, los gobiernos de turno sudamericanos aplican al interior de sus propios países, en lugar de buscar unidad, desarrollo y progreso íntegro e integral, se pierde el tiempo verdaderamente productivo, ocupándose más en generar polarización, desmanes, distracción social, lidiando una batalla interna de quien se impone a quien, de criticar los unos a los otros sobre sus propias miserias, instrumentalizando el ámbito judicial y lo mediático a dichos fines perversos, siendo un total contrasentido y despropósito, pues en vez de fortalecernos entre bolivianos cada vez nos estamos debilitando y autodestruyendo más, trastocando los principios y valores morales universales con mayores índices de corrupción, contrabando, narcotráfico, lavado de dinero, adulteración, engaño, informalidad, etc., por el solo hecho de alcanzar el dominio sobre el otro, aferrándose en algunos casos, a vanas ideologías o encumbrando modelos de organización política y territorial como panacea o pretexto para saciar su codicia, lujuria y desfachatez, sin antes, nosotros mismos, como bolivianos cambiemos de mentalidad.

Si realmente tenemos claro que no nos gustan los atropellos y exhortamos a “preservar la paz” (opinión del Estado boliviano sobre el conflicto en Ucrania) seamos pues consecuentes con ello, y vivamos en nuestro propio país en paz, sin aplicar la confrontación (el divide y reinarás) como política de Estado.

Recientemente, en Santa Cruz, como personas que ejercemos el derecho a la libre manifestación y a la protesta pacífica ante tanto abuso, prepotencia política y falta de independencia judicial, realizamos un paro cívico voluntario, muestra clara, de que no hay voluntad política por escuchar a las regiones y mejorar para bien la administración pública en general. No vivimos bien pues no sólo es cuestión de tener dinero, ni pensar que se es mejor persona por tenerlo, peor aún si es mal habido.

¿A dónde vas Bolivia?, si lo lógico es que principalmente los políticos prediquen con el ejemplo, por cuanto, si teóricamente se dice que Bolivia: es un Estado “pacifista” (art. 10 de la Constitución, CPE), “asume” y “promueve” como principios éticos morales: el vivir bien, vida armoniosa, vida buena, vida sin mal, camino o vida noble (art. 8-I CPE), no nos quedemos de hipócritas y que dichos principios realmente sirvan para la concreción de los valores supremos constitucionales entre bolivianos de unidad, dignidad, libertad, respeto, transparencia, armonía, etc. (art. 8-II CPE).

Abogado

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