10 de julio de 2023, 4:00 AM
10 de julio de 2023, 4:00 AM


Uno de los episodios más dramáticos de la humanidad en pleno siglo XXI tiene como protagonista a Vladimir Putin, presidente de la Federación de Rusia, que con premeditación y sin provocación invadió ucrania el 24 de febrero de 2022.

Ha transcurrido un año y cuatro meses para hacer pensar que la trama de rebelión del Grupo Wagner contenga que el mar de sangre derramada en ambas fuerzas militares comience a retomar el color natural de las aguas en el Mar Negro; las poblaciones civiles de la invadida Ucrania sueñen con la reconstrucción de ciudades y pueblos; el retorno de más de seis millones de refugiados ucranianos se produzca gradualmente y los niños deportados a Rusia sean devueltos a sus familias de Ucrania.

El Grupo Wagner -con su jefe máximo, Yevgueni Prigozhin-, organización mercenaria ligada a las fuerzas de Putin, ha anunciado que “debemos terminar con esta desgracia y frenar el mal” y convoca a la rebelión y guerra civil en Rusia, disponiendo que los 25.000 soldados regresen a Moscú (24-06-23). En tanto que Putin desde el Kremlin califica de “puñalada en la espalda” y asegura que “castigará” a los rebeldes, y ha anunciado que ha dado las órdenes al ejército para restablecer el orden.

Además, en previsión, el alcalde de Moscú, Serguéi Sobyánin, ha declarado el lunes 26 de junio como no laborable y pide a la ciudadanía que reduzcan “todo lo posible” sus desplazamientos.

En semejante crisis interna rusa, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE) y el Grupo G-7 se mantienen en intensas comunicaciones y permanente vigilia del conflicto en cuyo escenario gravísimo “el invasor se convierte en invadido” y sorpresivamente por mercenarios contratados por el Gobierno de Putin con enormes poderes de decisión no sólo en el campo de guerra, sino incluso contratando 5.000 prisioneros de las cárceles de Rusia que cumplían condena por crímenes de asesinato, violación y asaltos, por montos entre 2.000 y 2.500 dólares de pago, bajo el beneficio de indulto vía decreto, y en caso de muerte una indemnización cuantiosa para la familia. Por su parte, Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, dijo: “Hoy, el mundo vio que los líderes de Rusia no controlan nada” y que los rusos echen a Putin: “Cuanto más pueda esconderse, más perderéis”. Complementó: “Defenderemos nuestro país. Defenderemos nuestra libertad…”. Zelenski está seguro de la victoria en esta guerra.

Como en política y en la guerra no todo es previsible, el presidente bielorruso, Aleksander Lukashenko, ha anunciado en su papel de conciliador que se ha llegado a un acuerdo, para evitar una matanza sangrienta en territorio ruso, “Yevgueni Prigozhin ha aceptado la propuesta de Lukashenko de detener el movimiento de personas del Grupo Wagner en territorio ruso y tomar pasos adicionales. Es decir, que los soldados desplazados hacia Moscú volverán a sus bases y nadie será sometido a la justicia.

Cuando Lukashenko ha asegurado que “sobre la mesa hay una propuesta absolutamente aceptable para resolver la situación, con garantías de seguridad para el Grupo Wagner, se deja entrever que la contención pasa por más armas, mayor poder de decisión militar y principalmente favorecer con cantidades monumentales de dinero a 25.000 soldados que dispone el grupo mercenario. No olvidemos que los grupos mercenarios en su honor, se nutren por las armas y el dinero, en su alma no cuentan los derechos humanos y los crímenes de guerra.

Según The Wall Street Journal, las milicias de Wagner reciben 350.000 rublos mensuales (unos 5.790 dólares), más primas que van de 150.000 a 700.000 rublos (2.500 a 11.800 dólares), en función del éxito de la misión y el rol del soldado. Esos montos son los que presumiblemente serán incrementados, puesto que los soldados regulares del ejército ruso tienen sueldos menores.

Desde una perspectiva política, Jesús Manuel Pérez Triana, analista en seguridad, dice que Yevgueni Prigozhin con esta maniobra, se habría adelantado a una posible decisión del Gobierno ruso de ver “su cabeza rodar”.

Se destaca también en medio de la crisis, la declaración de la presidenta del Senado ruso, Valentina Matviyenko, que ha ofrecido “apoyo total” al presidente ruso, como garante de la Constitución…”. En el mismo sentido se pronunció la Duma. Estas manifestaciones de solidaridad vienen del entorno de Vladimir Putin que preparan la elección presidencial del zar del Kremlin para marzo de 2024-2030. El nudo del conflicto se supone que fue económico, pero sin duda que ante el debilitamiento que le representa la invasión a Ucrania y el mandamiento de aprehensión librado por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra, precisaba de una artimaña para oxigenarse e instalar en la conciencia del electorado ruso de manera progresiva que la invasión tiene como objetivo central la recuperación de territorios de la antigua URSS.

Por último, se observa en esta maquinación, que hubo un cierre de filas a favor de Putin, así Irán apoya el “Estado de derecho” en Rusia, ante la rebelión del grupo de mercenarios Wagner. En esa línea, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a tiempo de apoyar a Putin, calificó al Grupo Wagner de terrorista. En sintonía con los Estados precedentes no tardará en pronunciarse el presidente de Bolivia, Luis Arce Catacora, cuyo representante en la ONU, Diego Pary, al abstenerse de votar en cinco oportunidades contra la guerra rusa a Ucrania desvela que no hay otra línea que no sea la expuesta en el organismo internacional, posición que contradice las normas internacionales de los derechos humanos y las establecidas en el Estatuto de Roma.

Al final, nadie siente pues un vacío de paz y si lo hay, habría que universalizar la crítica jurídica científica. Esa nota de voz brota de las palabras de Ferrajoli, Luigi (2002: 157): “Nuestro mundo alcanzará formas de violencia explosiva -guerras, criminalidad endémica, terrorismo- o por el contrario nos obligará, poco importa si por idealismo o por realismo, a atajar de una vez por todas sus causas…”.

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