6 de septiembre de 2021, 5:00 AM
6 de septiembre de 2021, 5:00 AM


A 35 años de la muerte del científico más emblemático de Santa Cruz y Bolivia, Noel Kempff Mercado, las heridas no se cierran. Es más, bajo los reiterativos acontecimientos de los últimos años, meses y semanas, parecen reabrirse cada vez más.

¿Habremos aprendido algo? o ¿padecemos de amnesia crónica? La memoria nos ayuda no solo a sanar, sino a aprender que los errores no se producen para repetirlos, sino para evitarlos.

El luctuoso hecho ocurrió en aquel territorio (hoy Parque Nacional que lleva su nombre) ubicado a 200 km al norte de San Ignacio de Velasco. El plan de entonces era subir por un farallón y llegar a una meseta donde la expedición de biólogos, guías y otros especialistas de la naturaleza, permanecerían 15 días.

El estudio contaba con el apoyo de la Estación Biológica Doñana, de España. Aquel triste 5 de septiembre de 1986, no solo mataron a Noel Kempff Mercado, a Juan Cochamanidis y a Franklin Parada, ese día también todos morimos un poco. El impacto fue tal que se comenzó a condenar al narcotráfico y sus secuaces, y dejó de ser un falso orgullo aquel ascenso socioeconómico trepidante y raudo, a costa de los malos hábitos y los negocios sucios.

En aquella tragedia conocida como Huanchaca, el biólogo español Vicente Castelló fue el único sobreviviente. Pudo escapar y ocultarse por unas horas largamente dramáticas para él, que por suerte terminaron con la angustia tras un rescate “milagroso” debido a la valiente pericia del piloto Mario Áñez en una verdadera odisea.

Pero el tiempo, que todo lo cura, fue en este caso ablandando la memoria y se comenzó a ceder en lo que antes había sido condenado.
Hoy se han reproducido esas prácticas ilegales por todo el departamento y otras regiones, se deforesta y se queman los bosques en las áreas protegidas, se desprecia la vida silvestre y se contamina todo aquello que el profesor Noel amaba, investigaba y defendía, hasta dar su vida.

Aquel apicultor, nacido en febrero de 1924, amaba la naturaleza, la biodiversidad, la madre tierra y sus seres vivientes, reconociendo cada especie como única e imprescindible.

En un informe excepcional y sin desperdicios, publicado ayer por este medio, los sobrevivientes de aquella tragedia contaron más detalles de lo que fue su entorno, el momento histórico, la odisea del rescate del único sobreviviente, las víctimas de la investigación, etc. Quedan muchas dudas pendientes.

Dolió la muerte de don Noel y de sus compañeros de expedición, como duelen las muertes injustas que se adelantan trágicamente. Hoy el dolor revive al recordar y ver nuestros animales calcinados que huyen despavoridos del fuego destructivo.

Año tras año la historia se repite bajo la mirada impotente de miles de bomberos, guardaparques, colaboradores, voluntarios y vecinos de las zonas que se van depredando como un castigo del destino.

El presente y lo que hicimos para merecer esto ya no lo podríamos remendar, pero sí, desde ahora al menos reivindicar nuevas acciones para no repetir los errores del pasado.

Que el sentimiento nunca muera y que la verdad salga a la luz. Para que nunca más suceda otro Huanchaca y que los sueños del gran profesor, científico y hombre de bien, se hagan realidad algún día.

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