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14 de julio de 2023, 4:00 AM
14 de julio de 2023, 4:00 AM

Por Marisel Hinojosa, politóloga


Sin negar la existencia de condiciones estructurales que dividen a las sociedades, consideramos que la polarización política suele ser el resultado de una estrategia antagonista de estilos políticos que germinan en contextos de crisis sistémica del orden estatal vigente.

Los datos que motivan nuestro interés por explorar la relación entre los referendos constitucionales -considerados como la instauración de un nuevo orden- y la polarización política, provienen del último informe del V-Dem Institute (2023). Este informe revela que la polarización política en Bolivia y en algunos países de la región experimentaron picos ascendentes en las últimas décadas.

Por otra parte, vemos también que en las democracias latinoamericanas de la primera década del siglo XXI fue recurrente acudir a mecanismos de consulta popular (referendos) para dirimir escenarios signados por la disputa política. Esto se ha dado sobre todo en países con gobiernos de izquierda en ascenso. Es así que pensamos que es importante un análisis en torno a cómo estos mecanismos de democracia directa afectan los niveles de polarización.

Así, según datos del V-Dem Institute, un primer indicio se ve a partir de una tendencia creciente en la polarización política entre los años 2006 y principios de 2009. Esto coincide con el desarrollo del proceso constituyente y la celebración del referéndum aprobatorio del nuevo texto constitucional. Luego se registra un ligero descenso en la polarización hasta el 2016, año en que se realizó el famoso referéndum del 21F con el cual se buscaba modificar la Constitución para permitir la reelección indefinida. No debemos olvidar los resultados oficiales de esta consulta (51,3% para el NO y 48,7% para el SÍ) que prácticamente mostraban un país partido por la mitad.

En la región se observan también otros casos con características históricas similares, en particular con procesos de reforma constitucional a través de Asambleas Constituyentes refundacionales. Tal es el caso del Ecuador. Por otra parte, y con características y resultados diferentes, tampoco hay que perder de vista en el análisis el reciente proceso constitucional chileno en el que no se aprobó la propuesta de nuevo texto constitucional, a diferencia de Bolivia y Ecuador.

La conclusión, al menos provisoria, de este breve análisis apunta a que los niveles de polarización (su aumento, descenso o freno) durante y después de los procesos constituyentes no siempre tienen una relación directa con sus resultados, sino esencialmente con el modo en que se configura la correlación de fuerzas en un momento decisivo. El ordenamiento de la correlación de fuerzas puede estar dado por los efectos políticos de las victorias o derrotas en los referendos, o por hechos fortuitos ajenos a los mismos, pero que afectan la balanza del poder proveyendo incentivos o desincentivos para la voluntad de cooperación política de los actores.

En cualquier caso, debe quedarnos claro que se trata de un asunto preocupante, que no sólo atañe a las élites políticas, sino a todas las personas, ya que la polarización dentro de una sociedad dificulta sobremanera el diálogo constructivo y la búsqueda de consensos entre actores. En otras palabras, altos niveles de polarización provocan un aumento de la conflictividad y, por ende, un clima de tensión.

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