Opinión

Retos para la educación

5 de diciembre de 2019, 3:00 AM
5 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Está claro que ningún país puede quedar al margen de lo que ocurre en el mundo, más aún en educación. Este martes se conoció el resultado de las pruebas Pisa, que es el Programa para la evaluación internacional de alumnos en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Esta evaluación se realiza cada tres años y busca saber hasta qué punto los alumnos que están por terminar la educación obligatoria tienen los conocimientos y habilidades necesarios para la participación plena en la sociedad del saber. En base a los resultados, los países pueden diseñar políticas que permitan mejorar las áreas donde hay deficiencias.

Lamentablemente Bolivia no se abrió a la evaluación de su educación. Tras la reforma educativa planteada por la Ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez (2010) no hubo una medición de los aciertos y desaciertos de esa transformación que permita saber si es lo que el país y sus estudiantes necesitan. 

En cambio, sí hubo denuncias de que la formación de los docentes estaba siendo más política que especializada. Se entregó computadoras a maestros y a docentes (eran marca Quipus, ensambladas en el país), pero no se logró mejorar la formación porque el obsequio no iba acompañado de capacitación.

Muchos educadores, expertos en ciencia y padres de familia critican el sistema educativo nacional por ser repetitivo, por no estimular el razonamiento ni la práctica científica o tecnológica, lo cual es lamentable. Sin embargo, a pesar de esa limitación, en el país hay iniciativas que han permitido que jóvenes bolivianos se destaquen en concursos mundiales de robótica; en Cochabamba está Jalasoft, donde hay miles de personas que se han formado en el desarrollo de software que son de exportación.

Asimismo, en Santa Cruz fueron creados los clubes de ciencia que son la ventana para que alumnos del país puedan desarrollar iniciativas de otro nivel. La gran pregunta es ¿por qué estas iniciativas están al margen del sistema educativo nacional? ¿Por qué no convertir esto en parte del currículo, que obligue a maestros a ser innovadores y a acompañar la formación de los niños y jóvenes en otro nivel de experiencia, diferente al actual?

En una investigación de EL DEBER con jóvenes centennials, una de las mayores aspiraciones detectadas era salir del país para profesionalizarse. 

Esto debería ser una llamada de atención para el sistema educativo nacional; quiere decir que la oferta no es suficiente para las aspiraciones de quienes son el presente y el futuro del país. Y no es que se obvie esta misión fundamental por falta de conocimiento, pues hay estudios que señalan que la ruta para consolidar un salto de desarrollo para Bolivia pasa por la calidad de la educación.

Por la educación pasa la lucha contra la corrupción, la integración nacional, la eliminación de la discriminación y la innovación a nivel de empresa. Ahora que Bolivia se ha librado de un criterio político para gobernar, es preciso sentar las bases para transformar el sistema educativo que rompa con todos los cánones hasta ahora conocidos.

La misión no es sencilla porque es probable que muchos maestros se opongan, que en el sistema universitario también pongan obstáculos. Se demanda un esfuerzo de formación, de salir de la zona de confort para que el fruto sea una verdadera transformación. Vale la pena.

Las mentes brillantes en el área de la educación deben ponerse a trabajar y a generar ideas para hacer un cambio de fondo. Y en el Gobierno urge que estas iniciativas tengan luz verde. Ojalá que dentro de tres años Bolivia pueda entrar en las pruebas Pisa. Por lo menos esa será una primera señal de que se intenta formar a estudiantes y profesionales con mirada y talento global.

Tags