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A lo largo de los siglos los artistas y pensadores se han dedicado a tratar de definir y representar la felicidad. Sin embargo, en las últimas décadas, grupos menos románticos se unieron a esta difícil tarea: los endocrinólogos y neurocientíficos.

Su objetivo es estudiar la felicidad como un proceso biológico, para encontrar qué desata dicho sentimiento desde el punto de vista físico.

Es decir, no les importa saber si las personas son más felices gracias al amor o al dinero, sino qué sucede en el organismo cuando la alegría efectivamente se dispara y cómo “forzar” el sentimiento.

En este sentido, existen cuatro químicos naturales en nuestros cuerpos que suelen ser definidos como el “cuarteto de la felicidad”, conformado por la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina.

La investigadora Loretta G. Breuning, autora del libro Hábitos de un cerebro feliz, explica que “cuando tu cerebro emite uno de estos químicos, te sientes bien”.

“Sería bueno que surgieran todo el tiempo, pero no funcionan así”, escribe la profesora. “Cada químico de la felicidad tiene un trabajo especial que hacer y se apaga una vez que el trabajo está hecho”.

1.- Endorfinas

Las endorfinas son consideradas la morfina del cuerpo, una suerte de analgésico natural.

Descubiertas hace 40 años, las endorfinas son “la breve euforia que enmascara el dolor físico”, escribe Breuning. Ingerir comida picante es una de las formas de liberar estos opiáceos naturales, lo cual induce una sensación de felicidad. Pero esta no es la única forma de conseguir un “subidón de endorfinas”.

Según un estudio publicado el año pasado por investigadores de la Universidad de Oxford, ver películas tristes aumenta los niveles de este químico.

“Aquellos que tuvieron la mayor respuesta emocional también experimentaron un incremento superior en el umbral del dolor y en el sentimiento de unidad con el grupo”, dijo a la BBC Robin Dunbar, principal autor del estudio.

De allí que bailar, cantar o trabajar en equipo sean actividades que también potencien la unión social y la tolerancia al dolor a través de un aumento en las endorfinas, agregó Dunbar.

Según Infobae, seguramente conocés la sensación: estás haciendo algo que te gusta y te sentís contento, pleno, feliz ¡hasta eufórico! Si te gustan las artes, puede sucederte mientras escuchás música o pintás; si lo tuyo es el deporte, la sensación de máximo bienestar aparece justo en el momento en que hiciste cima, escalando, o a toda velocidad, practicando mountain bike. Esa oleada de felicidad que te invade es el mejor desarrollo químico de nuestros cerebros: son las endorfinas.

 2.- Serotonina

Como la serotonina fluye cuando te sientes importante, el sentimiento de soledad e incluso la depresión son respuestas químicas a su ausencia.

La serotonina es un neurotransmisor relacionado con el control de las emociones y el estado de ánimo, aunque cumple también otro tipo de funciones: Regula el apetito causando la sensación de saciedad. Controla la temperatura corporal. Regula el apetito sexual.

La depresión se posiciona como la principal causa de discapacidad en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una explicación desde el punto de vista médico indicaría que en el caso de la depresión, los circuitos sufren un desbalance donde la dopamina, norepinefrina y serotonina, que se encuentran ligados, tienen una baja importante.

La estrategia más simple para aumentar el nivel de serotonina es pensar en recuerdos felices, escribe el neurocientífico Alex Korb en el portal Psychology Today.

Uno de los síntomas de la depresión es que las personas no pueden recordar momentos felices, por eso, agrega Korb, mirar fotos viejas o hablar con un amigo puede ayudar a refrescar la memoria. El neurocientífico describe otras tres formas: exponerse a la luz del sol, recibir masajes y hacer ejercicio físico aeróbico, como correr y andar en bicicleta.

3.- Dopamina

La dopamina suele ser descrita como la responsable de sentimientos como el amor y la lujuria, pero también se la tacha de ser la responsable de las adicciones. Por eso se dice que es la mediadora del placer.

“Los bajos niveles de dopamina hacen que las personas y otros animales sean menos propensos a trabajar con un fin”, explica John Salamone, profesor de sicología de la Universidad de Connecticut.

Por lo tanto, agrega, la dopamina “tiene más que ver con la motivación y la relación de costo y beneficio, que con el placer en sí mismo”.

Lo cierto es que este químico se dispara tanto cuando uno da el primer paso rumbo a un objetivo como cuando lo cumple. Además, puede generarse por algo de la vida cotidiana (encontrar un lugar libre para estacionar) o algo más excepcional (recibir un ascenso laboral). La mejor forma de elevar la dopamina, por ende, es establecerse objetivos a corto plazo o dividir en pequeñas metas aquellos objetivos que son a más largo plazo. Y celebrar cuando uno los cumple.

 4.- Oxitocina

Por estar relacionada al desarrollo de comportamientos maternales y a los apegos, la oxitocina suele ser apodada como “la hormona de los vínculos emocionales” y “la hormona del abrazo”.

Se le llama la hormona del amor, pues es una de sus funciones más conocidas, pero también media en procesos relacionados con la reproducción, como el parto o la lactancia.

Según un estudio publicado en 2011 por la obstetra y ginecóloga india Navneet Magon, “la vinculación social es esencial para la supervivencia de las especies (humanas y algunas animales), ya que favorece la reproducción, la protección contra los depredadores y los cambios ambientales, e impulsa el desarrollo cerebral”.

“La exclusión del grupo produce trastornos físicos y mentales en el individuo, y conduce finalmente a la muerte”, agrega.

Por eso, considera que la oxitocina tiene una “posición de liderazgo” dentro de este “cuarteto de la felicidad”: “Es un compuesto cerebral importante en la construcción de la confianza, que es necesaria para desarrollar relaciones emocionales”.

Abrazar es una forma muy simple de conseguir un aumento de oxitocina. Dar o recibir un regalo es otro ejemplo. La oxitocina ayuda a despertar la excitación sexual y a que el hombre mantenga sus erecciones. Breuning aconseja también construir relaciones de confianza dando “pequeños pasos”, “negociando las expectativas” para que ambas partes puedan cumplir con el vínculo emocional.


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