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El máximo representante de la Asociación de Emprendedores de Bolivia evalúa la situación del sector, que aprovechó al máximo la época de la pandemia. El fortalecimiento de iniciativas digitales son el saldo positivo que deja la emergencia sanitaria.

_ ¿Cómo terminó el 2021 para el sector y qué proyecciones tiene para este 2022?
Desde la perspectiva tecnológica, fue un buen año. Muchas startups levantaron capital, lograron vender sus empresas a otras compañías más grandes, o de otros países. Esta es la señal de que en Bolivia se puede hacer cosas con tecnología y arrancar un negocio de cero hasta que valga una cantidad de dinero considerable, o que sea atractiva para que otra empresa pueda entrar al mercado boliviano o diversificar una compañía tradicional con la adquisición de una startup.

También fue un año complicado. La pandemia sigue afectando la capacidad de hacer crecer sus negocios, pero creo que es algo con lo que vamos a tener que convivir por los próximos tres años.

Para el 2022, desde la perspectiva de la tecnología debe haber una masificación de startups exitosas. Se deben de seguir dando ese tipo de señales para que la gente esté convencida de que se pueden hacer grandes negocios.
Desde la Asociación de Emprendedores, estamos impulsando la diversificación de los tipos de negocios a partir de la tecnología. No todo es delivery, o ecommerce, como Amazon.

Hay otro tipo de tecnologías como la relacionada al agro, al software de administración, comercialización de prótesis, materiales de construcción, la salud, el sector financiero. Hay muchas oportunidades en Bolivia, ese es el camino para 2022. 

_ ¿En el país existen las condiciones para emprender y qué tan importante es Santa Cruz?
Comienzo por lo último. Santa Cruz es la meca para los emprendimientos tecnológicos, acá está el mercado más grande. Tenemos una gran cantidad de habitantes muy interesante - cerca de los tres millones- y tiene otro tipo de consumidor abierto a comprar cosas de manera digital.

Hay startups que comienzan en otras ciudades del país y piensan en qué momento venir a Santa Cruz. Mucha gente dice que Cochabamba es el hub tecnológico de Bolivia, y de cierta manera es así, pero eso es un tema aparte.

Ahí hay empresas que desarrollan software para los negocios. Hay firmas grandes, pero eso no significa que sea el lugar donde hay más startups. En Santa Cruz la cantidad de negocios basados en tecnología es mayor.
Hay una gran cantidad de negocios enfocados más en desarrollar negocios propios, en vez de armar software para terceros.

En Bolivia tenemos cierta estabilidad en los últimos 15 años que permite construir un negocio sin muchos vaivenes, como cambios monetarios o crisis económica.

Es un país que está en crecimiento, en especial en las ciudades más grandes. Hay fricciones legales que son evidentes, tenemos que hacer más esfuerzos en conectar las universidades y la investigación académica con lo que el mercado realmente quiere.

En otros países - y es parte de la historia de Silicon Valley- existían universidades que entrenaban alumnos, académicos y profesionales para que sean útiles en el mercado. Acá, la universidad no te prepara para una vida profesional o para emprender. La investigación académica no está cumpliendo un propósito comercial o valor social alto.

_ ¿Qué efectos tuvo la pandemia en el sector?
Tuvo efectos positivos, a todos nos permitió darnos cuenta de que no tenemos que estar en el mismo lugar para crear y ser productivos.
Desde empresas tradicionales hasta no tradicionales, tuvieron a mano un montón de herramientas que antes no estaban tomando en cuenta para trabajar.

El sistema financiero se dio cuenta de que tenía que atender a sus clientes por medios digitales. Hubo un crecimiento exponencial en compras online. Hubo un efecto multiplicador.

_ ¿En qué sectores se están concentrando más los nuevos emprendimientos?

Estamos viendo que mucha gente se está concentrando en el sistema de pagos; en facilitar el acceso a financiamiento, ya sea para comprarse una casa, para tener cierto dinero para los gastos diarios, comprar inventarios, o cualquier cosa que implique tener un capital para hacer crecer su negocio.
Otro sector es la logística. Esto es interesante en el sentido de que, si alguien está comprando o entregando algo, no necesariamente la empresa hace el mismo recorrido, como presentarlo en una plataforma e ir a entregártelo. 

- ¿Qué condiciones se deben mejorar para proteger las nuevas inversiones?
Hay algunos pilares que serían muy útiles para que con pocos cambios se haga la diferencia. Nosotros -como asociación- participamos en un proyecto de ley de emprendimiento, y en ese sentido teníamos como pilar que Bolivia esté más conectada con la región y el mundo a través de las investigaciones y de personas que quieren hacer negocios en el país.
Actualmente es muy difícil, si eres extranjero, ya sea para que vengas a hacer negocios, dar una cátedra o investigación a Bolivia. Es muy complicado navegar en el sistema migratorio del país.

Debería existir una manera más fácil si a nosotros, como país, nos interesa recibir este tipo de experiencia de intercambio: académico, cultural y de negocios que nos pongan en otro nivel. La cuestión migratoria debe ser básica. Segundo, debe ser mucho más fácil arrancar un negocio.

En Bolivia comenzar un negocio te cuestas alrededor del 20% de lo que ganarías en un año en sueldo promedio no muy alto, frente a otros países que es un 2 o 3%. Entonces, es una inversión considerable. Son como tres meses de sueldo que ahorraste lo que tendrías que usar para establecer legalmente tu negocio y eso es una complicación a sí mismo.

_¿Qué tan importante es el sector emprendedor?
Si nos ponemos a pensar en cifras, seguramente más del 90% de los negocios en el país son pequeños y medianos emprendedores, alguien que tiene un negocio individual o con un par de socios que está tratando de armar algo interesante para su mercado. Si no incentivamos que las personas se animen a dar esos pasos, nos estamos estancando en el país.

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