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“A los que aseguran que la salud es gratuita, les digo que nos gustaría que eso fuera una realidad, pero no lo es porque mucha gente fallece por falta de medicamentos caros como la albúmina, o porque no hay cirugías a tiempo, como las de corazón y renales. No es en el papel nomás que debería decir que algo es gratis”, respondió Dora Luz de Dávila, presidenta de la Fundación Davosan, a la pregunta sobre si es cierto que el Estado corre con todos los gastos en salud.

“En La Paz nunca funcionó el Sistema Único de Salud gratuito (SUS), menos para los médicos, que terminamos ayudándonos entre colegas o que pedimos donación de medicamentos a los laboratorios”, indicó Fernando Romero, presidente del Sindicato de Ramas Médicas en Salud (Sirmes) La Paz.

“Estas leyes (SUS) se hacen por temas políticas y después no se financian adecuadamente. Cómo puede haber atención gratuita si ni siquiera hay atención”, cuestionó el padre Mateo Bautista, impulsor del pedido de 10% del Presupuesto General del Estado (PGE) para la salud.

“El recurso humano es insuficiente. Sin embargo, una vez atendido el paciente, solo tenemos lo básico en medicamentos, y lo que necesita realmente, tiene que comprarlo”, dijo Leonor Flores, la presidenta del Colegio de Enfermeras de Santa Cruz, desde su experiencia en un centro de primer nivel.

No se cubre la quimioterapia, que es lo más caro, y que debe ser cubierta por los voluntarios”, aseguró Bonnie Coca de Barbery, presidenta de la Legión Cruceña de Combate al Cáncer (LCCC).

“La salud no es gratuita para nada, desde el momento en que los pacientes que se internan tienen que pagar la hospitalización, son categorizados, pero pagan, no es gratis. El SUS nunca llegó a funcionar como debería porque se hizo a las carreras y se firmó antes de las elecciones, porque nos llamaron a toditos para eso”, lamentó Verónica Paz, presidenta de la Asociación de Familiares y Amigos de los Niños con Cáncer (Afanic-Bolivia).

No hubo uno de los entrevistados por EL DEBER, tanto del personal de salud como del voluntariado, que diga que la atención a los pacientes en el sistema público nacional sea gratis, como se comprometió hace dos años, cuando se instauró el SUS.

 Ni siquiera en la seguridad social la cobertura es completa, a pesar de que las empresas aportan mensualmente, reconoció alguno de los consultados.

La esperanza, el 10%

El Presupuesto General del Estado (PGE-2021) prevé recursos para la salud mayores al 10% para la próxima gestión. La norma, redactada por el actual Gobierno de transición, deberá ser aprobada por la Asamblea Legislativa en los próximos días.

Según el documento que presentó públicamente el exministro de Economía, Branko Marinkovic, la salud obtendrá Bs 21.835.300, lo que significa 10,1% del PGE, como se había comprometido el Gobierno transitorio.

Uno de los protagonistas de la exigencia a las autoridades nacionales de este 10%, desde hace varios años, es el padre Mateo Bautista, que propugnó movilizaciones y hasta huelgas de hambre para pedir mayor presupuesto.

“Mientras yo hacía campañas, todos contentos, cuando se me ocurrió pedir el 10% empecé a ganar enemigos. La gran esperanza está en el 10% para la salud porque nos va a permitir una inyección en todos los aspectos. Bien administrado, no menos de un 10% puede cubrir mucho. Y si no obtenemos este 10% vamos a seguir con una salud de mendigos, tercermundista y de kermeses”, dijo con dureza el religioso de la orden hospitalaria de San Camilo.

Dora Luz de Dávila duda de que con el 10% para la salud alcance, “sé que las necesidades son muchas, y encima tenemos un pueblo enfermo por la desnutrición y toda clase de enfermedades”, dijo.

La vida real

En el caso de Davosan, que entre sus muchas obras provee con inmunosupresores a 137 trasplantados, estos remedios no salen del Estado desde hace 25 años. Sin embargo, Dávila reconoce que desde hace un par de años la instancia pública sí empezó a costear las diálisis, que antes eran asumidas por la fundación rosada, pero no en su totalidad.

La diálisis hoy la paga el Gobierno por cada persona, si no me equivoco da Bs 630, pero el costo de cada diálisis es mayor a Bs 800, y encima el Gobierno cancela después de más de tres meses”, lamentó Dávila la burocracia.

Desde hace más de cinco meses, Davosan suspendió la entrega de medicamentos contra el cáncer, que encabezan la lista de los más caros. “Las donaciones casi han desaparecido por completo”, explicó Dora Luz”, quien además cerró las farmacias que estaban en los hospitales de Niños, de la Mujer (Maternidad), Oncológico, San Juan de Dios. Hoy solo queda disponible la Casa Davosan, en la calle Santa Bárbara, que a diario puede entregar recetas a más de 120 personas.

Según Dávila, es imposible que con un sueldo promedio se pueda pagar una enfermedad renal, “solo para una semana se requieren como Bs 2.400, y sin contar otras posibles complicaciones”, indicó.

El padre Mateo hizo algunas consideraciones sobre la realidad del SUS. “Se calculaba que, sin seguro de salud, había entre cuatro y cinco millones de personas, es decir los que no estaban incluidos ni en la vejez, ni en la niñez, ni en las cajas de seguridad social. ¿Cómo se puede dar prestaciones dignas de salud con esa cantidad?, es impensable”, aseveró.

Para Bautista, la Ley del Cáncer no cubre las quimioterapias en los adultos -en los niños sí-, ni la morfina, tan básica para paliar el dolor de los enfermos.

Sin embargo, Verónica Paz, de Afanic, aseguró que tampoco es que el Estado cubra la totalidad de las quimioterapias para menores, como manda la normativa.

Ora consideración del padre Mateo es que Bolivia es el único país de América del Sur que no hace trasplantes de médula ósea y que la cirugía de corazón no se contempla en el sistema público.

Con las Damas Argentinas conseguimos 120 mil dólares para una bomba extracorpórea que permita la continuidad del bombeo de la sangre. Conseguimos la bomba y en el San Juan de Dios aún no se hacen las cirugías por falta de personal”, dijo.

Lo mismo está ocurriendo hoy en el domo del hospital Oncológico. Las damas de la Liga Cruceña de Combate al Cáncer reunieron $us 336.000 para hacerlo realidad. Está equipado, pero no llegan los contratos para los profesionales.

Durante nueve años, estas voluntarias de combate al cáncer además pagaron siete ítems para los profesionales del tercer turno de radioterapia en el Oncológico.

Bonnie Coca explicó que es tan caro el cáncer, que solo en el hospital Oncológico existen al menos nueve voluntariados para ayudar. Es más, el hospital, el único de su tipo en el país desde hace 40 años, es fruto de la labor de la LCCC, que consiguió las donaciones para hacerlo realidad.

“La LCCC dispensa alrededor de 4.500 recetas para mil pacientes al año, son Bs 210.000 aproximadamente”, informó.

Afanic Bolivia necesita cada año como $us 120.000 para apoyar el tratamiento del cáncer en niños. Sin embargo, el grueso del gasto lo asume Afanic España, que según apreciaciones de Paz, desembolsa trimestralmente como $us 100.000.

Solo en medicamentos, Afanic Bolivia invierte más de Bs 240.000, y en estudios y laboratorios Bs 166.000, y en ayuda para óbitos, Bs 28.500.

Leonor Flores dice que es tan dramática la situación que algunos remedios, como la anestesia, tienen que dividirse para más de un paciente.

La salud pública, una responsabilidad que no asumen ni las autoridades ni el mismo ciudadano, lamenta el padre Mateo

“La salud no ha sido prioridad nunca en los gobiernos anteriores, ni en la misma población. Incluso se tiene la idea de ‘sálvese quien pueda’, de que solo me afecta si me llega la enfermedad, el resto ‘no es asunto mío ni público’, criticó el padre Mateo Bautista, quien sintió ese desinterés general cuando trataba de animar a la población a solicitar el 10% para la salud.

“Como si no fuera para beneficio de todos, pero después, cuando venía la enfermedad, decían ‘padrecito, ayúdeme’. No apoyaban, ni participaban en las marchas, hay indiferencia, tanto en las autoridades como en la población”, dijo.

Bautista cree que falta un sistema inclusivo que considere todas las necesidades, le llama la atención que gente que trabaja en el sistema (médicos) no sea atendida por ese sistema, como desnudó la pandemia. 

También dice que muchos de los pacientes llegan de otros puntos del país sin dinero, sin un lugar dónde quedarse, sin comida, y que lo público no es capaz de resolver ese problema. 

Asimismo, cree que es un acto de irresponsabilidad y desprecio que la seguridad social también tenga problemas para proveer con todos los insumos que demandan los pacientes.