13 de septiembre de 2022, 4:00 AM
13 de septiembre de 2022, 4:00 AM

Tres personas fueron asesinadas en un solo día, el domingo reciente, en San Matías, todos a tiros y a pocos metros de la plaza principal de esa población ubicada en la provincia Ángel Sandoval, cerca de la frontera con Brasil, a 830 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

En la mañana, alrededor de las 7:00, un hombre de 45 años, identificado como Rosauro Maturana Ramos, fue acribillado en la avenida Barrientos de esa localidad, cuando caminaba por la zona. El informe policial dice que a esa hora fue interceptado por una camioneta color gris, de donde bajaron al menos tres hombres armados que abrieron fuego contra la víctima.

Todo ocurrió en menos de un minuto y en las imágenes que quedaron grabadas en cámaras de seguridad se observa a uno de los sicarios utilizando un arma larga. En la acción resultó herido accidentalmente el dueño de una carnicería, a quien una de las balas perdidas le alcanzó la pierna izquierda.

El fallecido tenía antecedentes penales porque estuvo detenido en un centro de reclusión de Brasil por los delitos de organización criminal, posesión ilegal de armas, robo y secuestro.

Con esos precedentes, y por la manera en que operaron los que lo mataron, no quedan muchas dudas para suponer que se trató de un ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico.

En horas de la tarde del mismo domingo, dos hombres murieron en una balacera en un local de riña de gallos, a solo tres cuadras de la plaza principal del pueblo. Se trata de José David Shriqui Rapp y Fabiano de Souza. El primero de ellos es hijo del exalcalde de Trinidad, Moisés Shriqui, un conocido empresario y político del Beni.

Lo que se sabe hasta ahora es que sujetos armados irrumpieron en el local, dispararon contra sus víctimas y se dieron a la fuga en el mismo vehículo en el que llegaron.

Dos días antes, esto es el viernes, la Policía encontró el cuerpo sin vida de un joven de 19 años, llamado Weslin Ferreira Flores, en una propiedad cercana a la comunidad Ascensión de la Frontera, del mismo municipio de San Matías.

Este lunes, la Policía Departamental envió tropas a San Matías para realizar operativos y tratar de encontrar a los autores de los crímenes y devolver así la tranquilidad de la población de San Matías.

Pero la tranquilidad de esa región del país no dependerá del éxito de la Policía en esa misión, porque esa población cercana a la frontera se ha convertido prácticamente en un territorio libre donde las leyes bolivianas figuran, pero no se cumplen. Y no de ahora, sino desde hace muchos años. El Estado no ha llegado allí, o si en algún momento llegó, se retiró con las manos en alto, rendido ante la fuerza de la delincuencia y los grupos armados organizados que operan en una relación íntima con el narcotráfico.

El miedo se ha apoderado de los habitantes de San Matías. Nadie quiere hablar. Muchos ven, saben quiénes son los que ordenan matar, pero callan por temor a ser sus próximas víctimas. Incluso el periodismo está amenazado. No es posible tener informes desde el lugar porque los periodistas también sienten la amenaza sobre ellos, sus familias y sus hogares.

¿Se ha resignado el Estado central a ejercer presencia y soberanía en un lugar donde se conoce que el tráfico de drogas es intenso por la vecindad cercana con Brasil? ¿Tiene algo que decir o hacer el Ministerio de Gobierno con respecto a todo lo que ocurre en San Matías? ¿Son suficientes cuatro efectivos policiales para controlar la población quizá más violenta de todo el país?

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