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El asesinato de una persona en la puerta de su casa en la zona Alto San Pedro de Santa Cruz, a manos de dos personas que lo siguieron en moto, ha vuelto a recordarnos a quienes habitamos esta hermosa ciudad una verdad que asusta y duele: vivimos en una urbe insegura, donde por unos billetes y hasta por un celular matan a las personas en las calles a cualquier hora del día y delante de los vecinos.

A los ladrones y asesinos ni siquiera les importa que los vean los transeúntes o que sus imágenes sean captadas por cámaras de seguridad, no les preocupa y de todas maneras cometen sus actos criminales, disparan, rematan, acribillan fríamente a sus víctimas y huyen de la escena como quien cumple un trabajo más de rutina.

Así le pasó a Víctor Hugo Cuéllar González, un ciudadano trabajador y emprendedor, nacido en Villa Serrano (Chuquisaca), de 51 años, que volvía a su hogar en su vehículo con un dinero que había cobrado por la venta de soya. Dos sujetos montados en una motocicleta lo siguieron, esperaron que bajara del vehículo y lo atacaron con cinco disparos.

Aún herido, el hombre corrió varios metros detrás de sus atracadores hasta caer desangrado. Fue trasladado a la clínica, pero su cuerpo no resistió y murió.

La Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen investiga el hecho y quiere conocer las actividades que realizaba Víctor Cuéllar, quien además era auditor de profesión, y determinar de dónde habría cobrado o retirado el dinero, con quién tomó contacto de manera previa, y con esas pistas tratar de llegar a identificar a las dos personas que iban en la motocicleta.

“Soy boliviano, amo esta tierra, nunca quisiera irme de ella”, cantaba ‘Vicho’ Cuéllar, como le decían sus familiares y amigos, en un video familiar que circuló en redes sociales tras su muerte, para recordar a un buen hombre que se dedicaba a trabajar y que amaba cantar en reuniones sociales y familiares.

Su vida se cortó abruptamente a los 51 años por la inseguridad reinante en una ciudad que corre desesperada detrás del desarrollo sin observar que más rápido que su crecimiento avanza la inseguridad, el crimen, el narcotráfico, que manchan sus calles de sangre, mientras nadie hace nada por contener la ola de violencia.

¿Cuánto hacen el alcalde y el gobernador por la ciudad capital, para frenar las muertes por delincuencia común? El asesinato del miércoles es la prueba de que en esta ciudad nadie está a salvo; cualquiera de sus habitantes puede ser víctima de los delincuentes, que volver a casa ya no es una experiencia garantizada.

Más que hacer política, se requiere de ellos que trabajen por la ciudad más grande del país, de la que ellos son autoridades; que le devuelvan a los ciudadanos la certeza perdida hace ya varios años de que vivir en esta tierra puede y debe ser seguro.

La ciudad luce descuidada, sucia, en muchos lugares no tiene iluminación; el centro de la ciudad por las noches parece un pueblo fantasma por el que ya prácticamente no se puede caminar sin exponerse a un atraco en cualquier esquina.

Algo hay que hacer. Que no sea necesario ver que más ciudadanos trabajadores como Víctor Hugo Cuéllar González pierdan la vida para tocar las campanas de alerta. Ser una ciudad esforzada, generosa y de trabajo no es suficiente si no puede garantizarle la vida a quienes la habitan.



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