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Hace 460 años fue fundada la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Nació con seis manzanas, a orillas del río Sutó. Después de dos traslaciones, sus habitantes se quedaron en esta tierra, que es fértil, que es hospitalaria, emprendedora y que tiene la libertad como estandarte.

Si de algo puede jactarse la ciudad de Santa Cruz de la Sierra es de su capacidad resiliente que, pese al abandono secular del Estado, logró edificarse a sí misma, organizándose y liderando luchas que después dejaron réditos a otras regiones del país: regalías, descentralización, autonomía. Hasta hace algunos años tenía las cooperativas de servicios básico más eficientes del país; a pulmón logró que llegue la loseta a las polvorientas calles. En fin, fueron siglos de lucha en los que nada fue regalado y todo fue conquistado de manera autónoma.

A lo largo de la historia, destaca la visión de los pensadores y planificadores de Santa Cruz de la Sierra, desde el Memorándum de 1904 en el que se hizo un planteamiento de país desde las llanuras orientales, marcando un sendero diferente y, sobre todo, dejando clara la necesidad de los cruceños de ser libres y a la vez ejercer el derecho de definir el futuro de Bolivia en las mismas condiciones que los ciudadanos del occidente. También destaca la planificación urbana en el Plan Techint, que a mediados del siglo XX proyectaba el presente y el futuro de la ciudad.

Santa Cruz de la Sierra es la ciudad más grande del país. Cada día recibe a miles de nuevos habitantes que la eligen porque es la promesa de trabajo, de desarrollo y de bienestar. Su crecimiento es destacado a escala internacional porque es una de las urbes de mayor expansión del continente. Hasta el momento tiene uno de los mejores índices de desarrollo humano del país. Lo destacable es que lo ha conseguido a pesar del Estado central, que postergó y sigue postergando las demandas esenciales de esta región. Uno de los más mentados ejemplos es la deuda de 10.000 ítems de salud.

Ahora, hay candidatos que pasean sus sonrisas por los barrios pidiendo conquistar el voto de los cruceños. Es cierto, esta urbe es ya una metrópoli grande y diversa, con múltiples expresiones de cultura y con infinitas necesidades, lo cual no debería ser pretexto para que sus autoridades y profesionales sean capaces de soñar la ciudad a futuro, de planificar para evitar el desborde.

Y, por el contrario, lejos de los discursos, en las últimas décadas a Santa Cruz la ha invadido la anomia; las políticas públicas ineficientes dejan ver una ciudad que no es pulcra (basurales por doquier); que tiene desorden en las calles (mercados en todos lados y transportistas que se sienten dueños de las vías). La capital cruceña tiene expresiones artísticas gracias al voluntarismo y al esfuerzo de entidades particulares que reman el barco sin el suficiente apoyo económico ni institucional.

En el 460.° aniversario de Santa Cruz de la Sierra, los cruceños que tienen sueños, esperanza y añoranza, merecen tener autoridades que estén a la altura de los inmensos desafíos. Hay que cimentar el amor por esta tierra, hay que planificar y ordenar porque el crecimiento será sostenido. Es preciso generar fuentes de empleo y condiciones para que los jóvenes tengan acceso a la educación libre y capaz de expandir la conciencia. Sobre todo, hay que recuperar el respeto por el otro. En Santa Cruz de la Sierra hay espacio y posibilidades para todos. Solo hace falta una conducción transparente y visionaria. Es un gran desafío y está en manos del ciudadano demandar que así sea.

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