25 de octubre de 2022, 4:00 AM
25 de octubre de 2022, 4:00 AM


El paro que se realiza en el departamento de Santa Cruz, está sirviendo para demostrar que el Gobierno no calculó la excelente oportunidad que ofrecería para que el país pueda informarse y debatir sobre un tema torpemente manoseado. Las dificultades iniciales de los voceros cruceños para dejar en evidencia el interés nacional del Censo y la justicia de las medidas de presión a la que se han tenido que llegar, frente a la campaña sistemática de desinformación de los funcionarios del INE, están permitiendo, por fin, que el tema adquiera su verdadero lugar y dimensión.

Cuando comprobamos que la población de tres departamentos se encuentra en franco proceso de migración, Chuquisaca, Oruro y Potosí, y existen 256 municipios menores de 20.000 habitantes en los que no existe un hospital de 2do nivel, laboratorios de análisis clínicos, dentista, centros radiológicos, diálisis, salas neonatológicas, para no señalar sino especialidades que expresan la importancia de la salud, vamos descubriendo la perversidad en la postergación del Censo.

La propuesta cruceña no ha considerado que, de los 256 municipios referidos, 220 tienen alcaldes del MAS dejando en evidencia que el objetivo que busca, no tiene interés partidario ni regional. ¿Hasta cuándo vamos a negarnos a aceptar lo que la realidad poblacional, siguiendo las tendencias de crecimiento vegetativo y migratorias, ya ha definido? En 30 municipios con población mayor de 45.000 habitantes ya vive cerca del 75% de la población, siendo 16 de ellos capitales de departamento y municipios integrados a regiones metropolitanas, correspondiendo los otros 14 municipios dispersos en la geografía, principalmente en los 3 departamentos del eje central.

Esta realidad no responde a una política poblacional, de ordenamiento territorial o de ocupación planificada del espacio, sino a la necesidad humana de oportunidades, de producción y desarrollo. De manera espontánea, la población ha identificado los lugares en los que supone existen posibilidades para enfrentar la crisis, y hacia allá se está dirigiendo frente a la ausencia de condiciones de sus territorios de origen. De más está decir que los primeros en salir, son los jóvenes.

Esta tendencia verificada por el análisis de los censos de 1992, 2001 y 2012, nos enfrenta con dos realidades altamente provocativas y sobre las que no tenemos respuestas: el abandono/expulsión de campesinos indígenas y originarios, de grandes extensiones rurales y su traslado a áreas urbanas que están generando exigencias a las ciudades. Bolivia no acepta, mejor, los gobernantes están teniendo dificultad para acompañar el proceso de desarrollo urbano generado por la disminución de pobres, el incremento de la clase media y la ampliación del consumo, con sus exigencias de trabajo y oportunidades.

En este momento, solo existen 3 espacios territoriales que generan excedente económico y simbólico con capacidad de convocar mano de obra, fuentes de trabajo, inversión, desarrollo y funcionar como atractivos para la migración: el departamento de Santa Cruz, el Chapare por la hoja de coca excedentaria destinada a la producción de cocaína y El Alto, como centro de identidad cultural aimara, económico y comercial. La militancia alteña con su consigna “El Alto de pie, nunca de rodillas”, tiene una suerte de credo que le confiere a su población misticismo expresado, casi, como una creencia religiosa.

Cada día de postergación del Censo, es un día más en el que la población seguirá migrando y los territorios de donde salen, no tendrán la posibilidad de aplicar políticas correctivas. El paro de Santa Cruz y el sacrificio autoasumido por su población, es para llamar la atención a los gobernantes y a los demás departamentos, sobre esta realidad.

No tenemos derecho a aceptar que se siga imponiendo la miopía.

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