Opinión

Santa Cruz no merece esas tristes imágenes

30 de enero de 2020, 3:00 AM
30 de enero de 2020, 3:00 AM

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íos de tinta han zigzagueado en las últimas semanas sobre la saturación de pacientes y la falta de personal especializado en los centros de salud pública en Santa Cruz de la Sierra. La capacidad de los hospitales públicos, sobre todo del segundo y tercer nivel, está desbordada. Las imágenes son tan elocuentes como dolorosas. Pacientes hacinados en los pasillos, niños en el suelo, varias personas en una sola cama conforman un panorama de impotencia que nos avergüenza y lastima.

De allí pululan historias espeluznantes que conmueven a cualquier mortal. El vetusto sistema burocrático para conseguir medios e ítems parece volver a ganar la batalla.

Concretamente el Hospital Oncológico padece carencias extremas. No solo faltan ítems, sino medicamentos, insumos e infraestructura. Sigue pendiente el viejo anhelo de la construcción de un nuevo Oncológico, al que no le faltan promesas y buenas intenciones. Aquí las promesas conviven con los enfermos.

Gente de esta capital, de las provincias e incluso de otros departamentos acude al centro especializado para su tratamiento y cura de los distintos tipos de cáncer. La saturación es el camino obvio, a pesar de las ampliaciones de salas y la compra de insumos y equipos, gracias a las gestiones del voluntariado, fundamentalmente.

La Maternidad Percy Boland también sufre estos problemas comunes, además de falta de mantenimiento, insumos y otros.

El Hospital de Niños Mario Ortiz no escapa de esta crisis. A pesar de tener una buena infraestructura, la falta de ítems lo condena a sumirse en el incumplimiento de su función más elemental que merece la población.

Hospitales como el Japonés y el San Juan de Dios, con deficiente números de camas, derrumban las ilusiones y esperanzas de quienes acuden pidiendo una ayuda para curarse y deben abandonar sus puertas en busca de un destino incierto que le depare atención.

Todos los hospitales de tercer nivel, que pertenecen a la Gobernación, tienen deficiencias, sobre todo de ítems, un recurrente reclamo que no encuentra la solución esperada a pesar de las promesas. Hasta el momento no existe el número de centros de salud ni hospitales adecuados para dar salud a tanta demanda y mucho menos gratuita.

El 10% del PGN asignado al sector aún debe esperar que se haga efectivo por la burocracia que asfixia todo buen intento, no obstante, y por ahora la demanda de pacientes, emergencias y cirugías crece y la ciudadanía afectada no espera.

La crisis se profundiza cuando el colapso se suma al colapso extremo y no hay medios para atender ni aliviar parcialmente a la población demandante.

Los hospitales de primer y segundo nivel de la Alcaldía no están funcionando como debieran por falta de ítems y el personal médico, en muchos casos, prefiere asegurarse con la salud privada, que le garantiza trabajo, continuidad laboral, ambiente adecuado y condiciones estables. Es por ello que también hay carencias de especialistas en el ámbito público.

En provincias y ciudades intermedias, las alcaldías no construyen porque no son prioridad para los municipios más pequeños. ¿No es inadmisible que en las ciudades de al menos 100.000 habitantes no haya un par de modernos hospitales para atender a sus pobladores?

Recién ayer después de muchos años se reunieron las tres instancias de poder político para unir esfuerzos. Tuvieron que apagarse varias vidas para que se tome una decisión tan sencilla.

La falta de soluciones inmediatas, por inacción o imprudencia, nos harán ver las mismas imágenes tristes y decadentes que ningún país ni ciudad se merece.



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