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Son las seis de la mañana. Se escuchan explosiones. Una, dos y tres. Como hace 476 años, es la dinamita la que señala que en el Cerro Rico los mineros ya están trabajando. Es la señal de que otra vez se procesarán miles de toneladas de concentrados de plata, estaño, zinc y plomo. ¿La histórica montaña seguirá resistiendo tal presión?

La cota 4.400 está marcada porque esa es su altitud con relación al nivel del mar y se llama así en la línea del sistema para medir altura, que se usa en topografía. Un cartel verde con letras blancas indica “Zona de alto riesgo”. El equipo de EL DEBER llegó hasta allí y, a partir de ese lugar, aún hay que caminar y trepar otros 400 metros. La cima se ve cerca. “Está aquisito nomás”, dicen los lugareños.

Pero son dos horas de caminata a paso muy lento. Son 120 minutos de aspirar y expirar pausadamente, mientras las piernas responden cada vez menos y buscan de manera independiente su camino. Durante el trayecto se observan varias bocaminas, que son puntos de ingreso al interior del yacimiento, supuestamente están abandonadas. Hay latas de cerveza, restos de alimentos y en el suelo la marca de fogatas para combatir el frío.

Falta poco. Unos metros más para llegar a la cima. El viento sopla fuerte y el corazón se acelera. Tener buen equilibrio es importante. Al fin. EL DEBER llega a la parte más alta de la gran montaña de plata. Desde este balcón privilegiado la capital potosina se ve compacta y los sistemas de lagunas, que nutren de agua potable a la ciudad, parecen espejos azules.

En la cima el suelo presenta varias rajaduras, caminar por la parte trasera del cerro no es seguro. Se ven distintos hundimientos, la tierra parece más blanda. Es como pisar un queso con cientos de agujeros.


Tras dos horas de caminata se llegó a la zona afectada

En lo más alto del yacimiento ya si distingue la parte icónica incompleta de este símbolo que forma parte del Escudo Nacional. Le falta un gran pedazo de roca, que en las noches se busca disimular con unas luces que dan la falsa sensación de que aún esta montaña es un triángulo perfecto.

El cambio de la tonalidad de la tierra, que pasa de ocre a plomo denota un trabajo desesperado para tratar de sellar estas rajaduras y evitar el hundimiento. Una labor que llevó a poner en la zona dañada diferentes capas de membranas, pero que el viento las hizo volar.

¿Qué esta pasando?

En la zona, la geología determinó que de la cota 4.400 hacia arriba en el interior y exterior del yacimiento se encuentran los minerales (óxidos) de mayor calidad, concentrados de plata, estaño, zinc y plomo con una mejor ley.

El área es delicada y eso se sabe desde 2004, cuando se promulgó el Decreto 27787. En el tercer capítulo de su reglamento, referido a las Actividades de Exploración y Explotación en Superficie, se determina que entre las cotas 4.400 y 4.700 metros sobre el nivel del mar sólo se podrán efectuar labores de exploración, evaluación, explotación y remoción de desmontes, pallacos y sucus (minerales sueltos), sin afectar la roca dura. Pero la realidad es otra.

Nelson Gutiérrez, vicepresidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), señala que hablar de un derrumbe del Cerro Rico no es una exageración y protesta, porque lejos de dimensionar la gravedad del problema, se lo quiere minimizar.

Son 12 los hundimientos, de acuerdo con los registros de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). Para Gutiérrez son más y lo preocupante es que en los últimos años se han dado con mayor frecuencia. ¿Por qué? Según el cívico por el no respeto del DS 27787 y también debido a las autorizaciones de Comibol Potosí a través de permisos (torno guías) para el ingreso a la cima del yacimiento y para realizar labores en el interior y exterior de los socavones, lo que daña la estructura del cerro.

¿Quiénes son los autorizados? Gutiérrez no duda y apunta contra algunos mineros afiliados a la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) Potosí, más precisamente aquellos que habrían ocupado cargos en el directorio de la institución y que a partir de estos permisos ‘especiales’ beneficiaron a sus cooperativas.

Esta ‘fiebre por los óxidos’ se potencia por los excelentes precios internacionales de los concentrados que se extraen del cerro. De acuerdo con la Bolsa de Metales de Londres, al 21 de octubre, la onza troy de la plata cotizaba en $us 23,95; la libra fina de estaño a $us 17,645; la libra fina de zinc cuesta $us 1,62 y la de plomo $us 1,08.

En el caso de la plata, la cotización registra un alza que no se había visto desde el año 2013. A inicios del año pasado la libra fina costaba $us 17,85, lo que significa un aumento de un 28,8%. Mientras que, el precio de la libra fina de estaño en agosto de 2019 estaba en $us 6,69, la de zinc $us 1,08 y la de plomo $us 0,92.

Estos valores, a criterio Eugenio Mendoza, presidente de la Comibol, van a superar los $us 140 millones que la actividad minera del cerro genera en ingresos de divisas al país y que llegan al departamento de Potosí por concepto de regalías un 85%, mientras que al municipio de Potosí un 15%, haciendo unos $us 4,4 millones.




Más allá de los números, para Mirtha Guzmán, presidenta del Concejo Municipal de Potosí, de seguir las mismas condiciones de explotación, el yacimiento va a colapsar. Y su impacto no solo será económico, sino cultural e histórico.

El aumento de la inestabilidad del yacimiento para Guzmán tiene nombre y apellido. Se trata de la empresa minera Manquiri S.A que, de acuerdo con Mendoza, tiene un contrato que está vigente desde 2006 y cuya duración es por 25 años. Anualmente la empresa exporta por un valor de $us 70 millones.

El trabajo con maquinaria pesada, el raspado de la roca dura, los antecedentes de explotar la bocamina por encima de la cota 4.400; el incentivar la compra de los óxidos procedentes de zonas prohibidas del cerro y el rechazo a dar a conocer el contrato, definido como ‘reservado’, son los puntos observados por Guzmán que han llevado a algunos concejales a iniciar huelgas de hambre y a bloquear el ingreso a la empresa minera, en busca de una mayor y transparente información sobre la explotación y comercialización de los recursos potosinos.

Tocado por estas medidas de presión, Antonino Torricos, gerente de Manquiri, en audiencia pública ante el Concejo Municipal brindó algunos detalles.

Precisó que diariamente compran a las diferentes cooperativas del Cerro Rico unas 300 toneladas de óxidos que contienen restos de metal; explicó que también se nutren de otras 4.500 toneladas de pallacos (material suelto) que son transportados por camiones de la empresa Servicios Mineros a Cooperativas SA (Serminco) y que unas 1.000 toneladas que llegan del área rural también son adquiridas.

Torricos remarcó que la minera opera removiendo y recolectando el material suelto, producto de los residuos o desmontes de trabajos anteriores; también puntualizó que la empresa levanta los pallacos o sucus que por efecto de la gravedad o la naturaleza se encuentran en las laderas y en la base del cerro. Descartó el trabajo en roca dura y que se realicen operaciones en bocaminas por encima de los 4.400 metros.

Roberto Duchén, hace 16 años que trabaja en la minería y lamentó el enfrentamiento entre potosinos. Sostuvo que las divisiones sectoriales han provocado que el cerro se encuentre en una situación lamentable. Reconoció que el yacimiento es Patrimonio de la Humanidad, pero también es fuente de ingresos económicos de unos 20.000 mineros por lo que no se puede dejar de tomar en cuenta el aspecto laboral.

Respecto a Manquiri indicó que diariamente procesa, en promedio, unas 4.500 toneladas de óxidos. Que en la empresa de manera directa trabajan 267 personas. Que el 92% de los operarios es de Potosí y que los bloqueos a la empresa no son la mejor alternativa. Duchén, es el secretario ejecutivo del Sindicato de Trabajadores de Manquiri.

La labor en el interior del cerro sigue como hace 476 años. Los concentrados de plata, zinc y plomo dominan

Don Carrasco es un hombre del socavón, llega y se sienta en los bancos largos de madera que hay en el mercado Chuquimia. Se pide una chocolatada, dos panes y una porción de queso. Le pregunto si a pesar del paro cívico va a trabajar. Me mira y muy lentamente me contesta que el minero nunca para, que el minero no sabe de vacaciones o feriados y que, si un día se cae el cerro, será un crimen para el mundo y los bolivianos. Lleva 20 años trabajando en la montaña de plata.

¿Qué hacer?

Ramiro Villavicencio, ministro de Minería, asegura que, de acuerdo con el mandato del presidente Luis Arce, al problema potosino se le debe encontrar una solución técnica, científica y definitiva.

Para ello la autoridad ve que tres son las tareas a realizar. La primera, concretar un escaneo en 3D en el interior del cerro para que se identifique la situación geofísica de la misma. El segundo paso es trabajar para encontrar el material adecuado para el relleno de las zonas con rajaduras y el tercero tiene que ver con el traslado de 2.200 mineros que trabajan por encima de la cota 4.400.

El exministro de minería Epifanio Mamani, que encabeza la Comisión de Restauración y Rehabilitación del Cerro Rico, sabe que el tiempo apremia y que el cerro se puede quedar sin su cúspide. Por ello, este lunes 25 de octubre, en La Paz se firmará un acuerdo con la empresa Contec, que será la encargada de realizar los estudios 3D a los que se refiere Villavicencio.

También desde la Facultad de Ingeniería Minera de la Universidad Autónoma Tomás Frías de Potosí ya se calculó que para los primeros rellenos se van a necesitar 112.000 toneladas de un material muy parecido al que está en la superficie del cerro. La inversión en primera instancia, aunque será modificada, será de Bs 7 millones.

Descender es algo más sencillo. Está por llover y en segundos el agua se convierte en puntitos de nieve. La temperatura baja de golpe. No es bueno quedarse sentado. Atrás queda ese inmenso guardaespaldas que protege a la ciudad de los fuertes vientos. Solo espera un poco de cordura para no derrumbarse.

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