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26 de abril de 2022, 4:00 AM
26 de abril de 2022, 4:00 AM

Hubiera sido imposible que un tema como el que está en debate, no hubiera generado reacciones en Santa Cruz y allende las montañas. El silencio no habría sido bueno ya que el cuestionado no es el modelo de desarrollo de un departamento, sino el del país. Hace un mes me tocó compartir palestra en Sucre con autoridades y académicos. El dato que el Departamento de Chuquisaca el año 2021 exportó 64 millones de dólares expresa el volumen de las preocupaciones. Y en medio de ellas, el escuchar pedidos de suspensión del Censo por la posible disminución de habitantes, recursos y representación política, plantea la necesidad de adelantarnos a los conflictos y ajustar los instrumentos de políticas públicas para estar preparados, como nación, sociedad y como estado.

En este tiempo, han coincidido también, una tímida modificación de tendencias internas. Los medios de comunicación han registrado visitas de autoridades chuquisaqueñas, tarijeñas y benianas, y sectores de la sociedad civil y empresarial de esos departamentos que están buscando contactos y relaciones en Santa Cruz frente a una evidencia que requiere ser asumida y enfrentada. La acumulación y distribución de excedentes no se deciden por los discursos oficiales, ni siquiera por los decretos y leyes aprobadas, sino por dinámicas económicas más pedestres y objetivas: las capacidades de productividad y competitividad y el acceso a los mercados, internos e internacionales. Es cierto que pueden tener importancia incentivos y facilidades aprobadas en favor de territorios con menor crecimiento, y que son acciones que le corresponde a los gobiernos aprobar para buscar equilibrios, pero las reglas duras del mercado deben ser tomadas en cuenta pues serán las que definirán, finalmente, las posibilidades de desarrollo. Y ese es el escenario sobre el que hay que trabajar.

Esta reflexión plantea trabajar sobre dos escenarios que tienen dificultad de lograrse en Bolivia al ser convertidas en conflictos, con ingredientes regionales (oriente-occidente), ideológicos (izquierda-derecha), sociales/culturales (collas-cambas) y ahora también, étnicos (indios-k´aras).

Simplificando sólo para la comprensión, un escenario tiene que ver con la visión política de occidente, el de la burocracia que administra Bolivia desde la ciudad de La Paz, y que pretende resolver los problemas, la vida y la economía de la gente desde 3.600 metros sobre el nivel del mar; esos “servidores públicos” que llegan a La Paz, califican a los actores sociales y productivos que piensan distinto en las 4 claves enunciadas, como sus adversarios por el riesgo que tendrían en procesos electorales. Como consecuencia, el nivel nacional en uso de su poder, impone procedimientos y regulaciones que convierten al país en lo que definió Mariano Baptista Gumucio hace más de 50 años, un país tranca.

El segundo escenario es el de los factores económicos y productivos que sienten el agobio de ese modo de administrar el estado, y denuncian sistemáticamente el no ser escuchados, tomados en cuenta ni liberados de las condiciones del país tranca, y que tampoco reconoce el absurdo de su torpeza; señalan que, frente a la competencia mundial, se necesita aplicar ciencia y tecnología, agricultura de precisión y políticas que alienten la inteligencia y la investigación para que no entremos a competir en desventaja.

En la extensión de un artículo semanal resulta complicado confrontar ideas que se han expresado en 157 páginas por los investigadores Hugo Barbery, Pablo Mendieta Gary Rodríguez y Óscar Soruco. Y sumo el talante de la respuesta de Gonzalo Colque sobre el mismo tema que nos convoca: el modelo de desarrollo cruceño.

Algunas precisiones útiles. Existen antecedentes de nuestros pensamientos y alguno de sus desencuentros, por lo que ya se han producido reacciones por la observación que se ha formulado al título del libro. Reconociendo la diversidad de enfoques y propuestas que nos acompañan y que en otras circunstancias podrían significar el fin del debate antes de que se inicie, espero que esta vez, en el plano de respeto por la diferencia de ideas, logremos expresarlas sin descalificaciones.

Dicho lo dicho, y teniendo la primera respuesta pública de Gonzalo, quiero reiterar mi observación inicial. No es el debate del desarrollo de un departamento el que tenemos que plantearnos, sino que, a partir de esa experiencia que confronta al gobierno, y genera y distribuye excedentes, podamos sistematizar procesos productivos sostenibles, útiles y equilibrados en el marco del estado boliviano y de sus 9 departamentos. El Plan Bohan me ayudará a desarrollar esta idea. Amén.

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