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8 de febrero de 2022, 4:00 AM
8 de febrero de 2022, 4:00 AM

Oscar Ortiz Antelo, exsenador y exministro de Estado

Un nuevo libro del BID define a la confianza como la clave de la cohesión social y el crecimiento. Por el contrario, su carencia tiene perniciosas consecuencias para las sociedades, que se ven afectadas negativamente tanto en la debilidad de sus instituciones democráticas, por la falta de confianza de sus ciudadanos hacia sus líderes y entidades estatales, como en los altísimos costos económicos que su falta produce al ahuyentar o limitar las inversiones, e incluso al expulsar a las personas más capaces, emprendedoras e innovadoras, que migran hacia otros países que les ofrecen seguridad y confianza para sus iniciativas y vidas.

El estudio define a la confianza como “la fe en los demás, en su honestidad, fiabilidad y buena voluntad”, en contradicción a lo que llaman las conductas oportunistas, de quienes siempre estén tratando de aprovecharse de la gente, de su buena fe, de su trabajo, de su ingresos y de su propiedad, por lo que tendemos a ver quienes nos rodean como una amenaza permanente.

No es un tema de ideologías sino de realidad, de la experiencia diaria que sufrimos y de las dificultades que cotidianamente experimentamos. “La desconfianza distorsiona la toma de decisiones democrática. Impide que los ciudadanos exijan mejores servicios públicos e infraestructura, y que se unan entre sí para controlar la corrupción, asimismo reduce sus incentivos para hacer sacrificios colectivos que benefician a todos”.

En otro capítulo de la investigación, analizaron la desconfianza que existe no solo desde los ciudadanos hacia el Gobierno sino también la desconfianza entre los funcionarios públicos y su consecuente disponibilidad a colaborar entre sí e intercambiar información, de lo que dependerá en gran medida la capacidad de las entidades públicas de cumplir con sus funciones y prestar los servicios a los ciudadanos para los cuales fueron establecidas. En ambas categorías, Bolivia se ubica en el último lugar, reflejando peores indicadores que los de Venezuela, lo que refleja la desconfianza generalizada que sentimos entre nosotros y, también, una causa profunda de la ineficacia e ineficiencia de nuestro Estado, el cual ya absorbe la mayor parte de los ingresos de la nación.

Así mismo, el impacto sobre las posibilidades de progreso económico es inmenso, constituyéndose en una de las principales barreras para las inversiones, el emprendimiento y la creación de trabajo estable y de calidad. “La desconfianza reduce el crecimiento y la innovación: la inversión, la iniciativa empresarial y el empleo florecen cuando las empresas y el Gobierno, los trabajadores y los empleadores, los bancos y prestatarios, así como los consumidores y productores confían unos en otros”.

La desconfianza también impacta en el nivel de informalidad de las economías, puesto que las personas no solo no sienten que pagar impuestos y cumplir con las regulaciones y leyes valga la pena, dado que quienes no lo hacen, terminan enriqueciéndose e invirtiendo los valores de lo que significa el éxito, sino que además para poder subsistir económicamente se ven obligadas a sumergirse en la informalidad. “Allí donde la confianza y el civismo son bajos, las empresas y las personas que trabajan en ellas están más dispuestas a funcionar de manera informal”. Nuevamente, en otro acápite de este estudio, cuando analizan la relación entre confianza e informalidad, Bolivia se ubica en el último lugar, peor que Haití, lo que comprueba que si bien este es un problema generalizado en la región, nuestro caso alcanza niveles de gravedad extrema.

Cómo superar esta inmensa barrera intangible hacia el desarrollo, un obstáculo que no podemos ver ni tocar porque es algo que sentimos, que se origina en nuestras percepciones, en las frustraciones de nuestra experiencia diaria. La única forma es atacando las causas de esa amargura colectiva. Si los ciudadanos ven que la corrupción y el abuso no tienen costo para quienes lo practican, no habrá solución. Por el contrario, si se abren los muros que rodean la información pública mediante mecanismos de transparencia, si la justicia funciona y castiga a quienes extorsionan a los ciudadanos, si la gente ve que la corrupción, el abuso de autoridad, el robo y el engaño, también entre privados, no quedan impunes, la confianza comenzará a elevarse y la cooperación social aumentará.

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