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6 de noviembre de 2023, 4:00 AM
6 de noviembre de 2023, 4:00 AM




Por Hernán Terrazas /Comunicador Social


En los últimos días el gobierno parecía haberse quedado sin plata y sin poder político para conseguir que sus aliados en la Asamblea aprobaran la reformulación del Presupuesto General del Estado. El bloqueo político, nueva estrategia de la facción leal a Evo Morales, podría dejar sin sueldo y aguinaldo a la burocracia, y a los bolivianos sin gasolina y diésel, por las deudas acumuladas con los proveedores de YPFB.

El margen de negociación del presidente Arce es muy reducido. Para acercarse a la oposición tendría que liberar a los presos políticos, dejar sin efecto innumerables procesos en contra de los líderes que no comparten sus ideas y prácticamente renunciar a la teoría del presunto golpe de Estado, que en los hechos sirvió más explicar la huida de Morales que para hacer presidente al ex ministro de Economía.

Con el MAS la cosa es más difícil todavía, porque la única salida posible es dejar el paso libre para que Evo Morales se convierta en candidato a la presidencia para las elecciones de 2025, algo que el presidente no está dispuesto a hacer.
Morales está promoviendo con relativo éxito la idea de que los problemas de Arce no son los del MAS. El objetivo del congreso de Lauca Ñ, además de mostrar capacidad de convocatoria y respaldo de las bases, era marcar una definitiva distancia con los “administradores” gubernamentales, ratificar que “los que nos gobiernan no son del partido” y que “Arce está hundiendo al país”. Eso aparte de apuntar incluso a la propia familia presidencial con casos de supuesta corrupción.

La carrera de Morales para mostrarse como el principal adversario gubernamental contó con la inesperada ayuda de una oposición desorientada, más preocupada por las ambiciones futuras que por los problemas del presente, un papel en el que por ahora solo destaca el expresidente y líder masista.

Si las cosas siguen así, la situación del presidente Arce podría complicarse más. El gobierno no tiene un as bajo la manga para resolver los problemas económicos y tampoco el suficiente juego de cintura como para armar la gobernabilidad que le permita atender la gestión sin contratiempos. 

Condenado a transitar por la cuerda floja durante los próximos dos años, la gestión no será la mejor base para apuntalar el futuro político de Luis Arce. Es más, lo que buscan sus críticos internos es agravar los problemas para que las dificultades sean el talón de Aquiles presidencial.

Morales trabaja, además, para dejar al gobierno sin identidad política. Las presiones lo obligan a ir de un extremo a otro. Incluso en asuntos internacionales las decisiones no son bien calculadas. Tomar partido por uno de los extremos en la guerra de Gaza seguramente no es lo más aconsejable, cuando ambas partes tienen responsabilidad sobre la pérdida de vidas inocentes. A lo sumo sirve para apaciguar a los radicales en casa, pero produce turbulencias en otras partes.