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16 de octubre de 2022, 6:00 AM
16 de octubre de 2022, 6:00 AM

Si hubiera institucionalidad democrática, habría puentes de diálogo en Bolivia. Lamentablemente, hay intereses partidarios, lucha por el poder y afanes que están muy lejos de buscar soluciones. A seis días del inicio del paro indefinido por el censo en 2023, se van diluyendo las esperanzas de que los esfuerzos se dirijan a evitarlo y, sobre todo, a buscar soluciones que saquen de la mente colectiva la confrontación.
Se han puesto muchos candados a las puertas de salida. El Gobierno no tuvo voluntad real de escuchar a Santa Cruz. Las reuniones convocadas al comité interinstitucional ya tenían libretos con los afines y funcionales que asistían a estos encuentros. El Comité Interinstitucional avanzó en una propuesta para que el censo sea realizado en 2023, pero puso condiciones cerradas para exponer y para escuchar. En ambos lados, hay radicales que hacen mucho ruido y que pretenden ocupar los espacios y así le van ganando a la racionalidad.
Por si fuera poco, reina la desconfianza en el otro, lo que significa la convicción de que no se puede creer en las opciones de solución que se planteen y abundan las descalificaciones mutuas. Es decir, la situación llevada al extremo y sin salida.
El debate técnico ha sido el gran perdedor, porque ha ganado la visión política de unos y de otros. ¿Se puede hacer el censo en 2023?
La Universidad cruceña cree que sí y tiene válidos argumentos. El Gobierno, a través del INE, ha mostrado un cronograma con plazos exageradamente largos que, si hubiera voluntad, podrían acortarse con el apoyo de las regiones y de los especialistas para lograr un acuerdo. Eso si hubiera un verdadero interés por hacer una encuesta nacional que muestre cuántos somos, dónde estamos y cómo estamos. Pero no se muestra ni predisposición ni apertura para incluir y crear un camino en el que todos sumen.
Si solo se observan los intereses políticos se puede comprender por qué ganan terreno los radicales. En el Movimiento Al Socialismo necesitan un enemigo externo, porque su pugna interna es casi sangrienta, y qué mejor para ellos que confrontar con Santa Cruz. Eso les abre un paréntesis, aunque después vuelvan a pelear sin reglas, como lo están haciendo en este momento.
En Santa Cruz también hay radicales que ganan volumen alentando paros y bloqueos de carreteras y que no creen que las herramientas de la democracia pueden ser útiles en la solución de conflictos. Ven la solución por el desastre porque ahí ganan protagonismo.
De Bolivia siempre se ha dicho que puede llegar al precipicio, pero nunca cae al barranco. Y los políticos juegan mucho con esta creencia. Alientan la confrontación y la violencia.
No se dan cuenta de que la situación puede desbordarse en cualquier momento. En medio de esta pugna están los ciudadanos de a pie, que observan este ir y venir con angustia. Un paro indefinido no le hace bien a Santa Cruz ni a Bolivia; un cerco en este departamento (como proponen algunos masistas) solo causará violencia, con las consecuencias nefastas que todos ya conocen.
Entonces, en los días que quedan antes del inicio del paro indefinido deberían anteponerse las neuronas antes que las hormonas. El interés de los ciudadanos, antes que los afanes de los políticos de turno. No está mal ceder posiciones, de unos y de otros, si la ganancia es para todos.
¿Es posible tener esperanzas de diálogo y de acuerdos esta semana?
Es de esperar que así sea, por el bien de Santa Cruz y de Bolivia.

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