Edición Impresa

Sonó la campana

Oso Mier 22/1/2021 05:00

Escucha esta nota aquí

Mi suegra, no es una mujer de oficio doméstico porque para luchar contra el machismo, ella prefiere tomar cerveza y demostrar a los hombres lo feo que es sentir a un individuo con tufo a trago y olor a cigarrillo de tabaco negro.

Pero tiene cosas muy sorprendentes. Ayer la vi muy de madrugada planchando el uniforme de mis hijos que repetirán el año por burros pandémicos y mis nietos que son los angelitos ¡siempre listos! que salpicarán las calles con su bullicio y sus mandiles blancos, cuando toquen las campanas.

Le dije a mi suegra que deje de planchar por el momento mandiles y si está entusiasmada planche mis camisas, osadía que casi me plancha la cara.
No sabemos cuándo volverán nuestros niños a clases, pero lo seguro es que se inician, también los paros y las huelgas de los mataburros. Es algo así, como una tradición en la pedagogía nacional.

No hay clases aún, porque la pandemia sigue y porque los maestros a más de no saber enseñar, no saben dialogar. Siempre rompen diálogos porque, al parecer, tampoco la contraparte no sabe ponerse de acuerdo, porque si algo saben ambas, es que ninguna sabe escuchar. Todo empieza con diálogo y termina en la calle, con bloqueos, con paros y también huelgas de hambre, forma de lucha sindical muy apreciada por algunas maestras que quieren bajar los kilitos de cuarentena, esos que no les permiten enchufarse los jeans ajustados.

Estamos lejos de que suenen las campanas en las escuelas, pero estamos cerca del desafío de encontrar “una forma de salvar a nuestros retoños inmersos en la laguna de la ignorancia y en el pantano de la desesperación” según dijo mi suegra, famosa en el barrio por ser bienhablada, dominar el karate y ser hincha de Destroyers.

Algo que es ponderable en los maestros es que tienen una unidad monolítica.

Porque la respuesta es unánime, cuando sus dirigentes preguntan a sus bases:
-¿Vamos a hacer huelga?-

- ¡Sííí! Todos responden al unísono.-

- ¿No iniciaremos el año escolar?

- ¡Nooo!-

¿Haremos huelga indefinida?
- ¡Sííí!

- ¿¡Por qué!?

- ¡Porque somos los buenos muchachos y nadie nos puede ganar!

“Así son. Así fueron desde que yo entré a la escuela en 1946”, dijo mi suegra amada, dejando la plancha para abrir una lata de cerveza.

Comentarios