Opinión

Sorpresas que da la vida…

10 de noviembre de 2019, 7:00 AM
10 de noviembre de 2019, 7:00 AM

Confieso que hasta hace unos días, nada de lo que estaba ocurriendo en Bolivia era capaz de sorprenderme. Me refiero a los hechos políticos. Sabía de antemano que este 2019 iba a ser un año difícil para los bolivianos, sobre todo después del 20 de octubre. Dudé, desde el inicio, de la transparencia del proceso electoral que arrancó prematuramente. Coincidí con muchas voces en sostener que estaba segura de que el MAS haría de todo para fungir como ganador de las elecciones y que, en caso de fallarle sus planes y perder el control de las urnas, no dudaría en recurrir a la violencia con tal de no dejar el poder.

Es exactamente lo que ha ocurrido. Todos los vaticinios se han cumplido, y no como fruto de la coincidencia, suerte o de algún don especial para la adivinación, sino como el simple resultado de un acompañamiento permanente a las actuaciones, acuerdos y desacuerdos de los principales actores políticos del país. Bastó seguirles el rastro, hacer un inventario de esas acciones e ir analizándolas con una pizca de sentido común, para poder prever un mal desenlace. Desde fines de 2015, cuando el MAS impuso el referéndum para tratar de forzar una nueva habilitación de Morales y García como candidatos, ya se sabía que la pelea para ponerles límite sería durísima.

Pero parece que la clase política, en especial la de oposición, nunca aceptó esa realidad. A lo largo de tres años fue cediendo una y otra vez ante las astutas maniobras y chantajes del MAS, incapaz de articular una propuesta, un bloque, una estrategia inteligente para ir frenándole el tanque (no el carro) a la angurria de poder de la cúpula masista. Pudieron más el interés sectario, los celos internos, el cálculo mezquino de las parcelitas de poder, que la apuesta a una lucha radical en defensa de la democracia, que es la que ha estallado en las calles del país hace ya más de dos semanas. Vale lo mismo para las elites de varios sectores importantes, como las empresariales, las profesionales y las intelectuales.

Habrán excepciones, sin duda. Pero en situaciones de peligro como la que vivimos en el país hace varios años, esas excepciones deberían haber sido la regla. Repito por enésima vez: no fue por falta de aviso. Por eso no me sorprendió la artera manipulación de todo el proceso electoral, con la imposición de un binomio inconstitucional, un padrón alterado y un árbitro bombero. Tampoco, la vergonzosa suspensión del conteo de votos y el fraude denunciado de inmediato, y menos las falacias repetidas por el MAS, acompañadas de la exacerbación a la violencia y al odio racial. Ni siquiera la aparición de la OEA en escena.

Lo que sí me ha sorprendido, y sigue sorprendiéndome, es la indignación de millones de bolivianos, desbordada en todas las ciudades del país y manifiesta incluso en varias otras partes del mundo. Estoy sorprendida por una protesta ciudadana no vista hace años, en el que el denominador común es el hastío ante el abusivo ejercicio de poder de Morales y compañía. Sorprendida también por la irrupción de un liderazgo cívico cruceño que se ha sobrepuesto a las figuras políticas de Santa Cruz y del país, encarnado en Luis Fernando Camacho; y en la unión de este con el ya combativo liderazgo cívico de Marco Pumari en Potosí, que le ha causado más de un dolor de cabeza a la cúpula masista.

Confieso que no me lo esperaba. Menos aun, que esa indignación se traduzca en un paro nacional convocado por los cívicos, y quehoy cumple 18 días. Algo insospechado también por el MAS y por las otras fuerzas políticas. Como inesperado también ha sido el amotinamiento de policías que estalló el viernes en las principales ciudades del país, impensable hasta hace apenas unos días. Tres actores que están cambiando el rumbo no solo del tanque arrollador del MAS, sino del país. Aun está por verse hacia dónde nos conducen los hechos y estos nuevos actores, como también está por verse cuáles serán los próximos zarpazos de la gran fiera herida.



Tags