19 de junio de 2020, 3:01 AM
19 de junio de 2020, 3:01 AM

En una realidad caótica y desesperante como la que se vive en Santa Cruz y Bolivia, son muchas las iniciativas de voluntarios que buscan aliviar el dolor o el hambre de la población. Frente al desconcierto que provoca un virus nuevo y desconocido, hay muchas voluntades aisladas que intentan ser útiles, dejar su aporte porque lo que se ve no solo asusta, también acongoja a quienes tienen sensibilidad social.

Estas iniciativas han estado trabajando de manera aislada. Hubo esfuerzos de médicos en Santa Cruz, Beni y en otros departamentos que desafiaron los protocolos cambiantes de la OMS y se atrevieron a marcar un rumbo para vencer el coronavirus. Algunos pusieron no solo su conocimiento sino también sus recursos económicos y hasta su propia seguridad personal para lanzar propuestas y, en muchos casos, fueron combatidos y se pretendió invalidarlos, sin siquiera ver que mucha gente atendida por ellos se sentía agradecida.

En Santa Cruz, un grupo de jóvenes llamados Ángeles Covid atienden a pacientes leves a fuerza de voluntad. En algunos casos tienen éxito, en otros no, pero nada los desanima si pueden aliviar el dolor de los pacientes o la desesperación de los familiares. Este esfuerzo es valioso si se considera el colapso de todos los hospitales y clínicas de Santa Cruz, si se toma en cuenta que hay gente que deambula pidiendo atención y que es rechazada en muchos centros de salud.

Cómo no resaltar estas iniciativas. En el penal de Palmasola, los internos del PC4 están dispuestos a donar sangre para salvar vidas.
Por otro lado, hay innumerables iniciativas que han estado llevando alimento a la periferia de la ciudad, donde hay decenas de miles de familias que, literalmente, no tienen qué comer, que muestran sus ollas vacías; la ciudad se está llenando de gente con el brazo extendido, que se ve obligada a salir porque no encuentra respuesta a su necesidad.

También hay mucha gente que quisiera ayudar, pero que no sabe cómo hacerlo; que simplemente sale a la puerta de su casa a entregar un kilo de arroz o de fideo a los vecinos que salen a pedir colaboración.

La situación que se vive en este momento es verdaderamente dramática y ha superado al accionar del Estado, cuyas acciones ya no alcanzan frente a tanta necesidad. Eso último es también una realidad que se debe reconocer. Ninguno de los niveles de Gobierno puede atender las demandas a cabalidad. Por eso, las autoridades deben admitir que no es negando a estas organizaciones de voluntarios que se va avanzar contra la pandemia, sino haciendo todo lo contrario: es decir convocando y uniendo esfuerzos para multiplicar los resultados.

Ahora Santa Cruz mira el ejemplo de Guayaquil y uno de los artífices del milagro ocurrido en esta ciudad ecuatoriana, Jaime Nebot, dice que, al ser un virus nuevo, es probable que se cometan errores, pero lo importante es concretar, es hacer, en vez de mirar las desgracias en el lamento.

El primer paso ha sido dado en Santa Cruz, pero es necesario ir más allá. Aunar todos los esfuerzos, pues la suma de voluntades puede hacer que se cambie el rumbo de las cosas, que lo que hoy es drama y dolor, mañana se puede convertir en oportunidad y sinergia para salir de este momento tan duro que le toca vivir al país.

Tags