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8 de diciembre de 2022, 4:00 AM
8 de diciembre de 2022, 4:00 AM

Por Ilya Fortún, comunicador social

¿Cuál es el saldo político después del paro ciudadano de 36 días en Santa Cruz? Cada quien tiene su propia lectura y esta semana le comparto la mía, adelantándole que probablemente no será de su completo agrado. 

Para no pelarle de entrada, es bueno comenzar haciendo referencia al origen y a la naturaleza del conflicto, pues allí podrían estar algunas claves. El paro por el censo no fue el resultado de una acumulación de tensiones, como en otros momentos; me animo a decir que más bien se produjo en la coyuntura de un gobierno fuerte y una oposición política y regional débiles en general. 

En esa línea de razonamiento, tendré que coincidir lamentablemente con algunos masistas que afirman que, detrás de la decisión política de aplazar el censo, existió la intención deliberada de generar una crisis para causar una serie de efectos políticos, al margen de los beneficios electorales para el MAS. Es decir, hubo una mano negra que no estuvo dirigida exclusivamente contra Santa Cruz y que más bien obedece a la pugna interna del MAS, es decir la pelea entre un desprestigiado Morales, que debe reconstruir su imagen y al mismo tiempo demoler la imagen de Arce, para poder ser candidato el 2025. 

Vistos desde ese ángulo, el balance y los saldos a mi juicio han sido los siguientes: Luis Arce fue el gran perdedor, pues ha perdido, quien sabe, definitivamente el apoyo electoral de Santa Cruz, y todos sabemos que sin Santa Cruz, ganar una elección es cuesta arriba. Yo creo que intentó frenar el conflicto al principio y perdió la pulseta interna con Morales. Pierde también Arce al haber acusado un daño significativo en su principal capital político: el manejo de la economía. Y pierde además, ni más ni menos que la mayoría congresal que le daba sustento a su gestión. 

La dirigencia cívica cruceña me da la impresión de que ha perdido parte de su legitimidad local, debido a ciertas decisiones erráticas que tomaron en algunos capítulos del conflicto; y pierden también el apoyo y la solidaridad del resto del país que habían ganado en las dos primeras semanas del conflicto. 

Otra es la historia para la ciudadanía cruceña, que gana el haberse graduado con honores en términos de consecuencia y madurez ciudadana. El ciudadano cruceño estuvo por encima de todos, y le demostró al país que la resistencia ciudadana al autoritarismo tiene una nueva sede. 

Pero el gran ganador es sin duda Morales, cuyo primer premio es haber estigmatizado a Arce como el gran enemigo de Santa Cruz. El daño a la gestión económica y política de Arce es también una victoria importante para el expresidente; pero el premio mayor de Morales es haber puesto a Arce en una posición en la que, en adelante, tendrá que pactar con “la derecha” para seguir gobernando. Créanme cuando les digo que no pasará una semana en la cual no le refriegue en la cara a Arce que ha vuelto a reeditar la democracia pactada, y que ya no representa al MAS por “cogobernar” con la ‘satánica’ derecha. 

La oposición política también gana, pues finalmente ha convertido al Congreso en el escenario de definición política, y ha pasado a ser un factor clave de gobernabilidad de acá para adelante. 

El balance de sumas y restas arroja un resultado que no es menor: la correlación de fuerzas políticas ha cambiado significativamente, al igual que la posición de los actores. Arce se ha movido al centro, que hoy debe compartir con Mesa. El conflicto ha resultado en un nuevo escenario, comparable a lo que ocurre en otros países cuando se producen elecciones legislativas de medio término, y se barajan y reparten las cartas para la siguiente mano. No es poca cosa, ¿verdad?

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