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5 de noviembre de 2023, 4:00 AM
5 de noviembre de 2023, 4:00 AM



Msc. Clara Luisa Solórzano B. Psicipedagoga

Muchos padres han celebrado que sus hijos vuelvan a la presencialidad, olvidando todo el salto en uso de la tecnología que dieron los niños y adolescentes durante el período de la pandemia. 

Los centros de educación, también, olvidaron las buenas prácticas adquiridas, para retomar metodologías obsoletas y que no responden a las necesidades de un mundo complejo y cambiante, como en el que actualmente vivimos.
Es necesario, entonces, aclarar qué no es la tecnología. Claramente, podríamos decir que no es niñera, calmante de berrinches, canción de cuna para dormir o estimulante del apetito, entre otros usos no adecuados. 

Sabiendo qué no es, hablemos del uso de la tecnología como un punto de inflexión en la educación de niños y adolescentes, que cuando llegan a él son capaces de generar nuevas formas de aprender, autónomas y sólidas. Se vuelven capaces de investigar y dar soluciones a problemas cotidianos, de comunicarse con sus pares de otros países, que normalmente no podrían, para aprender de ellos, de su cultura, su idioma y sus gustos. Esto convierte a nuestros niños y jóvenes en seres humanos con pensamiento global e interconectado.

Cuando enseñamos a los niños a cruzar la calle, ¿dejamos que lo hagan solos? ¿No les explicamos cómo funciona el semáforo o el paso de cebra? La respuesta, por supuesto, es que sí, porque los acompañamos y les explicamos hasta que aprenden. 

Lo mismo debe ocurrir con la tecnología. Tenemos la obligación de enseñarles cómo funciona, los peligros a los que se pueden ver expuestos, los horarios de uso y otros aspectos que pueden influir en el entorno de la educación. 

Debemos enseñar a niños y adolescentes, cómo acceder a nuevos conocimientos, a herramientas que les faciliten el aprendizaje, el acceso a la inteligencia artificial, cómo debe ser su uso ético y cómo, esta herramienta, ayuda en los estudios y el trabajo.

También, para que puedan hacer un uso inteligente de la tecnología, se debe fomentar el pensamiento crítico, para que puedan analizar la calidad de la información que reciben desde las redes sociales, las páginas web, podcasts o, incluso, la música que escuchan. 

Tomar cursos de programación relacionados con videojuegos desde edades tempranas; usar plataformas de aprendizaje que permitan aprender desde lo diverso o aquellas que facilitan el desarrollo de talentos, como la pintura, la música, el baile, la creación de videos, talleres de escritura; y aplicaciones de aprendizaje de idiomas, los prepara para insertarse en el universo laboral desde temprana edad y convertirse en nómadas digitales que pueden desarrollar teletrabajo, no importando el lugar en el que estén. Asimismo, les abre infinidad de oportunidades de empleo y de estudio en universidades a las cuáles, presencialmente, les sería difícil asistir. 

El futuro del empleo exige que las personas no sólo conozcan todo sobre la tecnología, sino que la usen a su favor, para forjar más conocimiento, a través de la producción de contenidos