Opinión

Tenga paciencia doctor

21 de diciembre de 2019, 3:00 AM
21 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Así intitula un libro que tuve el grato honor de prologar. Se trata del relato en primera persona de un médico, que padeció de manera súbita un ictus isquémico cerebrovascular (AVC), también llamado comúnmente “derrame cerebral”. Su autor es Víctor Hugo Peña Ramírez, gastroenterólogo pediatra, buen amigo y colega del Hospital Universitario Japonés–. Habrá que felicitarlo por la acertada iniciativa de escribir su dolorosa experiencia y de trazar los adecuados métodos de rehabilitación utilizados hasta conseguir una total recuperación.

Sus páginas escritas con una prosa ágil, una narrativa entretenida, veraz y a la vez conmovedora, vuelcan todo el bagaje de sus conocimientos con notable profesionalismo y a su vez relatan hondas reflexiones como persona creyente en Dios. Este libro es la historia real de un clínico, esta vez como enfermo, que recostado en una cama, siente el dolor y el temor en carne propia. Reflexiona, observa y escucha cosas que quizás a veces no agudizan los órganos de los sentidos de los galenos y que como pacientes, desde un inicio vienen escuchando repetidamente “tenga paciencia”, dicha por familiares, amigos y el equipo médico acompañante, una expresión que imanta confianza, fe y esperanza,. “¿Acaso los médicos no somos especialistas en tener paciencia para enfrentar una vida de trabajo que no siempre es saludable, desde ningún punto de vista?”, se pregunta Víctor Hugo Peña.

El escritor advierte con sencillez los premonitores síntomas y signos del AVC que sintió, así como su diagnóstico imagenológico, el tratamiento y la rehabilitación de este padecimiento. Además, el relato de la dieta recomendada para disminuir los riesgos de padecer un ‘ictus’ es completa. En resumen, su lectura es de mucha valía, no sólo para médicos como también para el público en general, que podrán reconocer precozmente esta enfermedad, evitando a posteriori graves secuelas, que exigen casi siempre un tratamiento multidisciplinario, costoso y prolongado.

¡Brain attack! (ataque cerebral) era el título de un programa lanzado por neurocirujanos norteamericanos hace dos décadas. Su objetivo era alertar a la conciencia pública sobre el peligro de las enfermedades vásculo-cerebrales, a fin de poder ejecutar intervenciones adecuadas y rápidas, evitado mayores complicaciones y alcanzar una recuperación temprana. Este plan tenía una marcada justificación, al ser el AVC la fuente principal de discapacidad entre todas las dolencias y la tercera causa de muerte, solo después del infarto de miocardio y del cáncer.

Dicha iniciativa respondía a la decisión del gobierno de EEUU, que declaró en 1990 la ‘Década del cerebro’. Ello supuso un hito en el desarrollo de la Neurociencia, agrupando diversas disciplinas, promoviendo una interdependencia en el estudio del cerebro, estableciendo nuevas líneas de desarrollo que consolidarían diversas áreas de investigación y creando conciencia social de los diversos organismos acerca de esta patología. Esta fue una oportunidad única para el tratamiento oportuno del paciente con AVC, dentro de un período de tiempo (ventana terapéutica), igual que en el llamado ‘ataque cardiaco’.

Recomiendo este libro a todos, y de manera especial a los médicos. Hago énfasis en el riesgo del estrés que sufren clínicos y cirujanos, factor desencadenante de la hipertensión arterial y en consecuencia del AVC. Es el costo por servir a la sociedad. Es el precio de nuestra vocación. A cambio, solo pedimos con respeto y convicción institucionalizar los cargos, y tal como pregona tenazmente el padre Mateo, un 10% de los presupuestos gubernamentales, destinado a cuidar mejor y de forma más equitativa la salud del pueblo boliviano, que tanto la necesita.



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