Edición Impresa

Tiempo de arremangarse ante las urgencias

Editorial El Deber 25/10/2021 05:00

Escucha esta nota aquí


Una declaración que pasó desapercibida en las últimas horas, ante tanta noticia, versión, rumor y fake news vernáculo, fue la de un alto directivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la región. En Latinoamérica los efectos negativos de la pandemia de covid-19 en productividad, empleo y capital humano podrían “tomar muchos años en revertirse”, dijo amparado en su más reciente informe. Llama la atención por el momento en que lo subraya. ¿No estábamos acaso comenzando a despegar de la crisis económica más ferviente de los últimos años tras la pandemia que paralizó al Mundo?

”Tomará tiempo, ni siquiera en 5 años para que el Producto Interno Bruto (PIB) de la región regrese a la tendencia anterior a la crisis”, justificó el director interino del departamento de las Américas del FMI, Nigel Chalk.

Para 2021, el FMI subió su previsión de crecimiento para Latinoamérica y el Caribe a 6,3%, 0,5 puntos porcentuales más que lo estimado en julio. Pero para 2022 su proyección baja a 3%. A estos datos se suma la anémica situación de crecimiento, sin contar con el fantasma de la inflación que azota a la región.

La anticipación de un camino sinuoso y cuesta arriba no nos prepara ni mucho menos, solo avisa que los cinturones deberán ajustarse, aunque no queden espacios para más huecos en el cuero. El capital humano sería el afectado y entonces el impacto en los jóvenes, las mujeres y a los sectores con menos accesos a la educación podría ser catastrófico. Mencionamos estos tres sectores por la falta de capacitación laboral de quienes ingresan por primera vez al mercado, a quienes sostienen hogares y sufren la precarización de sus salarios, y a los que, por el cierre de escuelas, no han podido obtener los conocimientos técnicos para afrontar otro ciclo de vida laboral en una sociedad mercantilizada.

El informe también alerta sobre el impacto en este mismo espacio geográfico del incremento de precios de “las materias primas y los alimentos, las interrupciones de la cadena de suministro y los incrementos globales de los precios de los bienes, que hacen subir los precios al consumidor”. Este otro jalón, producto también de circunstancias de la pandemia detiene o retrasa las posibilidades de escapar de la crisis cuando parecía que el sol empezaba a despuntar después de la tormenta.

El cambio climático, la deforestación constante y los incendios, que no frenan el ritmo de destrucción, no solo forman parte de estas preocupaciones, sino que empeoran directa e indirectamente al clima de incertidumbre. A esto se suma el personal sanitario, que en el mundo habría afectado entre 80.000 y 180.000 (hay 135 millones de profesionales de la salud en todo el mundo), según reveló la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, dentro de esta dramática situación una pequeña puerta de salida es la vacunación inmediata.

En los primeros casos señalados urge priorizar nuevas políticas de Estado abocadas a planes para promover otras fuentes de ingreso, generar empleos y capacitación laboral. El desarrollo de nuevas tecnologías, para lograr nuevos mercados, continúa siendo tema pendiente. Discutir leyes absurdas es un mero hecho de entretenimiento, mientras se avecina una tormenta espesa.

Será mejor entonces trabajar sobre lo importante para prevenir males mayores, la duda está en saber si todavía estamos a tiempo.

Comentarios