Opinión

Tiempos políticos en Bolivia

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11 de enero de 2020, 3:00 AM
11 de enero de 2020, 3:00 AM

Daniel Bogado Égüez

Como indicábamos en el anterior artículo, entre los retos y desafíos que nos toca vivir a los bolivianos son las elecciones nacionales, luego las elecciones departamentales y municipales. Estas elecciones, se enmarcan en la Constitución Política del Estado, donde un Órgano Electoral pone las reglas del juego y nosotros los ciudadanos mayores de 18 años acudimos a las urnas, para ejercer nuestro derecho democrático.

Hay que tomar la política no solo como medio para alcanzar el poder, sino como instrumento de lucha para fortalecer nuestra débil democracia, que aunque el 20 de octubre de 2019 demostró una sorprendente madurez, sobre todo en los jóvenes que acudieron a las urnas, luego lucharon para que se respete su voto ante el fraude electoral montado por el partido que era oficialista.

Este impase político, ha despertado el interés de muchas personas que antes decían: “ yo no me meto en política, la política es para los politiqueros”, Yo no vivo de la política”; la política es cochina”; “ todos los políticos son unos pícaros”. Nos dimos cuenta que por no interesarnos en los asuntos políticos, los que se dedican a ejercer la política militante a veces abusan de la buena fe del electorado y con discursos demagógicos nos ofrecen grandes obras y a la hora de cumplir, se olvidan fácilmente y se enriquecen rápidamente.

Ya Aristóteles decía, “el hombre por naturaleza es un ser político”. Esto quiere decir que no solamente los dirigentes o candidatos son políticos, todos en esencia somos políticos, otra cosa es ser militante de un partido político que permita ejercer el poder. Si bien, la política es el arte de gobernar como también decía Aristóteles, lastimosamente en Bolivia y en la mayoría de los países latinoamericanos se ha distorsionado esta idea esencial de la política, y la han convertido en el botín donde pueden usufructuar las autoridades o militantes de uno u otro partido en función de gobierno, en desmedro de los intereses colectivos de los ciudadanos que los eligieron.

La política sirve para tomar decisiones en defensa del Estado, proteger los Recursos Naturales y garantizar el bienestar de los ciudadanos con empleo digno, educación integral, salud gratuita en el marco de los derechos humanos que nos asisten a todos los ciudadanos.

La política es tan esencial para un país que de ello depende su tipo de economía el tipo de educación que tendrán nuestros hijos, el tipo de salud que recibirá nuestra familia, el tipo de servicios básicos que distribuyan a la ciudadanía. Por eso, ahora más que nunca debemos interesarnos en la política, no dejemos que otros decidan por nosotros de manera unilateral. El pueblo como suele denominarse a los ciudadanos votantes, nos convertimos en el SOBERANO, y el soberano decide, lo único que deben hacer las autoridades es cumplir los mandatos del soberano.

Sin embargo, las malas prácticas políticas que hemos vivido en estos pocos años que gozamos de la democracia, ha sido al revés, las autoridades mandan, el pueblo obedece. Es por eso que las autoridades hacen y deshacen de los recursos naturales y económicos del Estado. Es por eso que toman decisiones en contra de la mayoría para satisfacer sus necesidades personales o sectarias.

Nunca más permitamos que las autoridades pisoteen nuestro voto que es lo más sagrado que tenemos los ciudadanos que vivimos en democracia, nunca más permitamos ser escaleras de otros para imponernos modelos de Estado, que si bien tienen bases sociales, solo son un camufle para sus aspiraciones posesivas de poder.

La política es buena, cuando los ciudadanos y los candidatos a autoridades dialogan, realizan debates, generan ideas, construyen puentes y no bloqueos, cuando se discuten propuestas y no se dedican a difamar, ni insultar al “otro”.

Esperemos que este clima de diálogo impere en nuestro país, que aceptemos los programas de los candidatos, pero también que los cuestionemos, que hagamos críticas constructivas. Ese escenario enmarcará las buenas relaciones entre los diferentes candidatos que aspiran al poder. El pueblo madura democráticamente en la medida que sus autoridades demuestran madurez política y concertación, no confrontación.

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