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5 de febrero de 2023, 4:00 AM
5 de febrero de 2023, 4:00 AM



Leonid Herrera
Experto en Innovación Digital y Desarrollo del Capital Humano

La Escuela de Economía de Chicago y la teoría del “capitalismo de accionistas”, promovida por Milton Friedman defiende la teoría del “capitalismo de accionistas” –stateholders– y el papel reducido del Estado en la economía. En los últimos años ha surgido una teoría alternativa, conocida como capitalismo de stakeholders o teoría de la responsabilidad social empresarial.

La teoría que fue desarrollada por el profesor de negocios R. Edward Freeman en su libro Strategic Management: A Stakeholder Approach , de 1984, sostiene que las empresas tienen responsabilidades más allá de maximizar las ganancias de sus accionistas, deben considerar en lo posible, todos los intereses de todos los “stakeholders” y la empresa: colaboradores, clientes, proveedores, comunidades locales e incluso el medio ambiente. 

El capitalismo de stakeholders ha ganado más importancia y se ha convertido en una corriente cada vez más destacada en la práctica de “gestión empresarial”. Hoy en día, se desarrolla como una gran orquesta: cada instrumento, cada departamento, cada disciplina, tiene un papel específico y vital para lograr el éxito de la empresa. Cada una de estas prácticas de gestión empresarial, como la planificación estratégica, gestión de operaciones, recursos humanos, finanzas, marketing, administración de la cadena de suministro, innovación y desarrollo, tecnologías de la información y la comunicación, funcionan como una armonía perfecta.

La clave para lograr esta armonía es el “trabajo en equipo”. Sin el trabajo en equipo efectivo, cada colaborador podría estar tocando una melodía diferente y el área o departamento no funcionaría de manera eficiente.

Desde un enfoque académico, una de las primeras cosas que se debe hacer es establecer una visión del equipo. La visión del equipo debe ser diseñada y compartida por todos los miembros, alineadas a la visión estratégica de la organización. Una herramienta valiosa para establecer esa visión con metas claras y medibles, son los objetivos y resultados clave (OKR). Estos objetivos deben ser desafiantes pero alcanzables, y deben ser revisados periódicamente (trimestral, semestral o anualmente).

Además, la evaluación continua y la retroalimentación, son fundamentales para el trabajo en equipo. La evaluación entendida como el proceso de medir (KPI) el desempeño del equipo y el feedback es la comunicación de la retroalimentación, ya sea positiva o negativa. Es importante dar retroalimentación de manera oportuna y constructiva para mejorar el desempeño del equipo.

La cultura organizacional es otro elemento clave para el trabajo en equipo, sus miembros deben compartir los mismos valores y estar comprometidos a crear un ambiente de trabajo colaborativo, de mucha sinergia, donde la combinación de habilidades, conocimientos y experiencias pueda generar un resultado superior al de cualquier individuo que trabaje de forma independiente.

La confianza es otro factor clave para el éxito del trabajo en equipo, permite a los miembros compartir sus ideas, preocupaciones y opiniones sin temor a ser criticados o juzgados, lo que ayuda a generar un ambiente de trabajo abierto y colaborativo. La comunicación efectiva y la asertividad son también habilidades fundamentales. La educación desde una formación continua es esencial para mantener a los miembros del equipo actualizados, motivados y con una fuerte percepción de “éxito profesional”.

Por último, es importante retener a los miembros valiosos del equipo, ya sea a través de un ambiente de trabajo agradable, flexible, con oportunidades de desarrollo profesional, personal y de competencia digital, facilitar el uso de herramientas tecnológicas (agilidad/productividad) y la remuneración justa y equitativa.