Opinión

Tuto se pone la camiseta del MNR

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24 de enero de 2020, 3:00 AM
24 de enero de 2020, 3:00 AM

Wálter Guevara Anaya - Politólogo

Hace pocos días Tuto se lanzó a la arena electoral sin mostrar su sigla partidaria. Lo hizo mediante el video “Bases y lineamientos para una propuesta de gobierno 2020/2025.” La puedes ver en medios sociales. Días después el MNR anunció que le prestó su camiseta.

No es malo empezar con la propuesta y ponerse la camiseta después. La propuesta de Tuto toca cuatro áreas esenciales: economía, democracia, bienestar y relaciones internacionales. Dice poco para elogiarse a sí mismo. Se concentra en los problemas y las soluciones.

En Bolivia ser de derecha es recibir el rechazo automático de la mayoría de los votantes. Ya quisiera la izquierda democrática tener un candidato que marque su posición con la claridad y seriedad con la que Tuto marca la posición de la derecha democrática. Su propuesta se expone a este rechazo porque no reconoce ningún mérito a las gestiones de Evo.

A ningún candidato serio le conviene olvidar que la mayoría votó alguna vez por lo que Evo representó en su mejor momento. Esa mayoría está desilusionada con la falsa izquierda de la Evocracia. Está lista para irse al otro extremo y apoyar a un populismo demagógico de derecha. La postura de Tuto es una buena vacuna contra ese tipo de oportunismos.

Ningún candidato puede negar que tenemos un nuevo país posEvo. Los logros de ese régimen no se deben a supuestos socialismos, indigenismos ni democratismos. Esos fueron taparrabos para esconder una creciente angurria de poder y riqueza ante las masas que se tragaron ese cuento.

Coincido que el peor pecado de Evo fue el mal uso de la catarata de ingresos que le cayó del cielo. Al derroche de este colosal capital económico yo añado el imperdonable desperdicio del gigantesco capital político que recibió en sus dos primeras elecciones. Con esos recursos económicos y políticos Evo pudo haber sacado a Bolivia del extractivismo y del populismo.

Tal vez sin darse cuenta, Evo dejó que su ministro de economía siga los lineamientos ortodoxos del neo-liberalismo mientras aterraba a la clase media con una retórica radical. Los opositores lo acusaron de traicionar sus principios socialistas cuando debían haberlo felicitado.

Evo generó apoyo a su falsa imagen de caudillo indígena haciendo creer a los populistas ingenuos que los estaba llevando al comunismo y a la redistribución radical de la riqueza, mientras fomentaba la ampliación del consumismo y consolidaba el capitalismo de Estado.

La estabilidad económica resultante de esta política permitió que la población duerma tranquila y no se rebele durante 14 años contra el ostensible fraude y desperdicio. El desvío de recursos públicos a bolsillos privados aumentó la demanda interna y fue uno de los motores de la inclusión social, algo que casi todos reconocen como el mayor mérito de la Evocracia.

Evo puso dinero en manos de gente que accedió por primera vez a supermercados, clínicas privadas, restaurantes, celulares, automóviles propios y cuentas bancarias. La clase media creció en buena parte gracias a un asalto al erario público.

Decenas de miles de ineptos aprendieron el manejo de cargos públicos metiendo la pata a costa del país. El método de Evo fue perverso, pero el resultado fue benéfico. Los candidatos que no reconocen que Evo dejó un nuevo país pecan de nostalgia por un pasado color de rosa que nunca existió.

No tenemos por qué tragarnos el cuento favorito de Evo de que “todo lo anterior fue malo y todo lo nuevo se creó a partir de nada.” Las propuestas tienen que mejorar lo bueno del pasado y corregir lo malo. Un desafío que no puede ser ignorado es el de los excluidos y pobres que aún quedan. La tónica de esta campaña electoral tiene que ser la reconciliación.

La pre-propuesta de Tuto es seria, clara, sencilla y moderada. No va a ser fácil defenderla ante propuestas estridentes y demagógicas de ambos extremos. Ahora que ya tiene una camiseta falta ver con quienes logra conformar una alianza convincente.

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