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Vassily Nebenzia, embajador de Rusia ante la ONU y exponente de la old school de la diplomacia rusa, tuvo que abandonar notablemente molesto la inacabada sesión del mismísimo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde inesperadamente Estados Unidos había logrado por diez votos a favor, tres abstenciones y dos negativas, poner en discusión y debate público las razones para el gran desplazamiento de tropas y armamento de parte de la segunda potencia militar del mundo, la poderosa Rusia, a su frontera con su débil vecina, Ucrania.

Al tiempo que el embajador ruso se levantaba del codiciado asiento permanente que su país ostenta en el Consejo, el propio presidente de EUA, Joe Biden, emitió un comunicado de prensa desde Washington, anunciando estar “listos pase lo que pase”, si es que “Rusia elige alejarse de la diplomacia y atacar a Ucrania”.

Estos sucesos, de altísima relevancia en la geopolítica mundial y que comprometen territorios literalmente en el otro lado del mundo, ¿interesan también y deben preocupar a Bolivia, y al rol que debe desempeñar su Cancillería?

Posiblemente la respuesta a priori podría ser negativa, puesto que en dicho conflicto son las primeras y más grandes potencias mundiales las que se enfrentan, utilizando para ello sus mejores y más potentes armas diplomáticas y militares.

Sin embargo, en el escenario del mundo actual, el avance del multilateralismo ha permitido que los demás países de la llamada comunidad internacional, y no solo las grandes potencias, intervengan con incidencia en el manejo de las diferentes crisis de la política mundial, y en ese marco le correspondió ya a Bolivia en los años 2017 y 2018, ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, e incluso dirigir y moderar en ejercicio de la Presidencia rotativa de dicho organismo, la discusión y manejo que en su momento la ONU tuvo que afrontar con relación a la guerra civil en Siria, y que también comprometía los intereses geopolíticos de EUA, Rusia y las demás potencias.

Ser una nación libre y soberana no solo significa reivindicar la no injerencia en asuntos internos de tu propio país, sino también involucrarse, activa y responsablemente, en el devenir de la política internacional, ya que esta, indefectiblemente, forja el orden mundial que termina dictando las posibilidades reales para que la humanidad toda, incluidos nosotros los bolivianos, podamos vivir y lograr nuestro ansiado desarrollo, sin violencia, guerra, ni injusticia.

Es de interés de Bolivia, que en el manejo de la crisis en Ucrania, no prevalezca el abuso y voluntad unilateral de la nación con el ejército más fuerte, sino que más bien se respete el principio de integridad territorial de los Estados, la soberanía plena de los países, que se observen y respeten todas las normas del Derecho Internacional y que los organismos internacionales sean eficaces en la contención de la fuerza militar o económica de los Estados como medio para la resolución de sus conflictos, y no se tenga un retroceso internacional hacia el derecho a declarar guerras de agresión ya proscrito por la Carta de las Naciones Unidas.

Tanto interesa a Bolivia la preservación de estos aspectos, que su gran interés nacional, cual es su centenaria reivindicación marítima, depende del mantenimiento y desarrollo de la majestad del Derecho Internacional y del multilateralismo; y es por ello que nuestra Cancillería, emulando los eficaces votos emitidos por México y Brasil en el Consejo de Seguridad en el que ahora mantienen asientos por Latinoamérica, y que apoyaron la moción de discusión a la que se negaron solo Rusia y China, concurra asertivamente para evitar a toda costa que en el escenario internacional una nación más poderosa que otra, se llame como se llame esta, actúe con abuso y arbitrariedad en contra de una más débil, y es en esa dirección, y no en otra, que todos los bolivianos esperamos sea conducida nuestra política internacional.

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