30 de diciembre de 2022, 4:00 AM
30 de diciembre de 2022, 4:00 AM


Al comenzar a escribir esta columna tenía motivos para creer que el 2023 sería prometedor: Cristina Fernández de Kirchner ha engrosado el cuadro de honor de los corruptos dirigentes del Socialismo del Siglo XXI al ser sancionada con seis años de prisión por ladrona; Jair Bolsonaro, en Brasil, prepara sus maletas para, igual a lo que Cristina hizo en Argentina, no entregar los símbolos del poder a su sucesor democráticamente elegido y se va para Florida a los predios de Donald Trump, quien, a su vez, está cada vez más lejos de volver a la Presidencia de su país no sólo por instigar a un golpe de Estado, sino por defraudar impuestos (en el mejor estilo “alcaponiano”).

Además, el invasor Putin sigue sin explicarse cómo Ucrania lo está poniendo de rodillas, VOX de España muestra cada vez más sus pezuñas fascistas, ambicionando, además, absorber al Partido Popular. En Cuba su autoritaria burocracia no ha podido desarticular la disidencia interna y en Venezuela se abre una nueva oportunidad de diálogo para recuperar un cauce democrático, aunque sus regímenes autoritarios mantienen perniciosa influencia en gobiernos como el nicaragüense y boliviano, cuyas autoridades, entre cantos de protesta e incapacidad administrativa, acatan sus instrucciones represivas…

Es precisamente esta actitud sumisa la que impide que un columnista como el que usted está leyendo tenga que reconocer que se equivocó en su primera columna de este año al escribir que “pareciera que 2022 traerá más sombras que luces”, pero que revisando nuestra historia “más allá de las previsiones negativas (…) reencontremos pacíficamente el camino de la recuperación de la institucionalidad democrática y que los propulsores del autoritarismo se replieguen a sus palacios de invierno, como en 1982 lo hicieron los militares”.

El secuestro del gobernador cruceño la tarde del miércoles 28 de diciembre opacó todo vestigio de optimismo y demostró que el país está inerme ante un Órgano Ejecutivo cada vez más represivo y un Órgano Juridicial, un Ministerio Público y una Policía, decididos a vulnerar el sistema democrático para mantenerse en el goce del poder y satisfacer los deseos insanos del ex presidente fugado que busca desesperadamente cambiar la historia para que se olvide que renunció a la Presidencia del Estado en 2019, luego de cometer un descomunal fraude electoral, violar con su postulación la Constitución Política del Estado y desconocer la voluntad popular expresada en el referendo Constitucional de 2016.

Así, el destino nos ha conducido a que nuevamente debamos confrontar las dos visiones de Estado que en el país peleamos desde por lo menos 2003: una, esencialmente autoritaria, al servicio de un proyecto político de poder que pretende someter la voluntad ciudadana a los caprichos e intereses de líderes circunstanciales; la otra, democrática, que garantice el pluralismo político, la alternancia en el poder, el respeto a los derechos humanos y la independencia de los poderes del Estado.

Lamentablemente, el gobierno con la forma en que ha actuado el pasado miércoles al arrestar al gobernador de Santa Cruz, que es una afrenta al país todo, ha demostrado que ha optado por la violencia.
La forma en que reaccionemos desde el lado de quienes defendemos la democracia será la tendencia que marcará buena parte de este 2023 que inauguramos el domingo…

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