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16 de septiembre de 2022, 4:00 AM
16 de septiembre de 2022, 4:00 AM

Por Óscar Serrate, decano de la Facultad de Ingeniería de la UPSA

Esos tres fueron mis encargos para los jóvenes que la UPSA está enviando este semestre a universidades de otros países. Les pedí que a su retorno nos traigan un amigo o amiga, y mejor si son varios. En el exterior van a conocer europeos, africanos o musulmanes, morenos y rubios, y verán que por allá nos tratan como a iguales, toditos queriendo construir futuro. Trabas habrá, pero también más puertas abiertas, y el diálogo, principalmente, es el que fructifica en una Universidad, porque crea lazos eternos.

Porque la vida se construye como se forja una cadena de amigos. Esos amigos serán después quienes los recomienden, serán sus corresponsales, sus socios potenciales, la línea más directa con la creación profesional. Les pedí a los estudiantes viajeros que también se traigan un idioma, es decir, una cultura. No hay nada mejor que aprender otras visiones, otros mundos, otras realidades. Deben fijarse en la manera que hablan, que comercian, que producen, y cómo hacen familia, cómo hacen Patria. Aprenderán, que, aunque sea en castellano o en árabe, nuestros vecinos ‘del otro lado del charco’ ven al mundo de manera distinta, una mirada que es complementaria a la nuestra.

Esto se dio durante la despedida de alumnos UPSA que partían hacia otros países, para realizar un intercambio u obtener una doble titulación. Fue mi primer gran experiencia en la UPSA. Extraordinario fue constatar que los programas de nuestra Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra se los considera de la misma valía que los de grandes universidades del exterior, al punto de funcionar unas como espejos de otras. Toda la plana mayor de la UPSA estuvo dando consejos y celebrando a los viajeros, fue así que pude testimoniar de cerca las razones por las cuales consideran a la rectora Lauren Müller como una de las tres mujeres más influyentes del país. Ella recordó a los viajeros que serán como embajadores de nuestras capacidades y de nuestra ética en horizontes lejanos.

Como mi tercer encargo a esos ‘embajadores’ también les pedí nos trajeran una foto. No de aquellas que se muestran en las postales o en los celulares. Si no más bien, que nos traigan en su mente y en su corazón la imagen de una idea, de un sueño, de un proyecto que luego se pueda cristalizar a su retorno. Un proyecto que traigan para ejecutarlo en su pueblo y con su gente. Afuera se aprende mucho, pero no hay nada más satisfactorio que sembrar conocimientos en el lugar que nos vio nacer y crecer. Un proyecto que, así sea para envasar ‘motojobobos’ o para mandar un cohete a la Luna, sirva para evitar que otros achachairuses o alguna de nuestras creaciones se las apropien en otros lares.

Que vuelvan para devolver algo de lo tanto que nuestra tierra nos ha dado. Para seguir armando el nuevo mundo que va surgiendo desde el oriente boliviano y que se iluminará más y mejor con las luces que nos traigan.

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