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No mires arriba estaba destinada a convertirse en una de las películas más importantes de la temporada: por su reparto plagado de estrellas de Hollywood (liderado por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence), por su retorcido sentido del humor, por su distribución a escala mundial en Netflix y por su retrato de un mundo que, a propósito o no, se parece mucho al que hemos visto en los últimos dos años de pandemia de Covid.

Dirigida por Adam McKay, la película cuenta la odisea de dos astrónomos, un veterano profesor (DiCaprio) y una estudiante de doctorado (Lawrence), para advertir al mundo de un aterrador descubrimiento: un meteorito de grandes dimensiones se acerca a la Tierra y amenaza con destruirla por completo. El apocalipsis se acerca, pero nadie quiere mirar hacia arriba. No quieren los políticos, que solo piensan en cómo sus decisiones podrían afectarles en las urnas, y no quiere la gente, que escéptica y explotada por la sociedad del consumo prefiere ignorar estas alertas.

Paralelismos

No mires arriba no se escribió pensando en la pandemia de Covid que empezó a desatarse en todo el mundo a principios de 2020. El guion, coescrito entre McKay y David Sirota, ya estaba listo antes de que empezase todo, y la idea original nació en realidad hace una década. En una entrevista con Vanity Fair, el director cuenta que leyó un informe de la ONU en 2018 que describía el consenso científico sobre los efectos del cambio climático y se asustó: “No pude dormir durante dos noches después de leerlo. Tuve uno de esos momentos en los que pensé de ‘Está sucediendo ahora. No será dentro de 80 años, es ahora’”. De ahí nació la película, y no exactamente de la pandemia.

Cuesta creerlo, ya que viendo la película parece que estemos viendo un reflejo del caos, la ignorancia y las desgracias de los tiempos de pandemia que nos ha tocado vivir. Ahora bien, eso no quiere decir que no haya ejercido cierta influencia en el resultado final. “Independientemente de lo que hayas votado, creo que todos tenemos que admitir que ver al presidente de los Estados Unidos sugiriendo la idea de tomar lejía para hacer frente a una emergencia médica es una situación inusual. Cuando eso ocurrió, enseguida mandé un mensaje a mi productor, Kevin Messick, y otro a Leo, y Jen dijo: ‘Vale, vamos a hacer esto un poco más loco’”, explicó el director.

Meryl Streep interpreta en No mires arriba a la presidenta de los Estados Unidos, Janie Orlean, que ignora las advertencias de los científicos cuando recibe por primera vez la información sobre el meteorito. La inspiración más clara detrás del personaje es Donald J. Trump, con detalles tan reveladores como la gorra roja que comercializa con el mensaje Don’t look up.

Adam McKay explora cómo aquellos que poseen el capital poseen el poder. En el sistema capitalista, un gobierno puede hacerse pequeño frente al poder económico de un empresario como Peter Isherwell (al que da vida Mark Rylance), un billonario que intentará sacar tajada del meteorito. Al fin y al cabo, así es como se construyen las grandes fortunas del mundo: sobre la explotación laboral y las desgracias ajenas.

La conexión de este personaje con el mundo real es más que evidente. De hecho, podemos considerar a Isherwell una especie de mezcla entre Jeff Bezos, Elon Musk y Mark Zuckerberg. Por ejemplo, la obsesión del presidente de Amazon con viajar al espacio encaja a la perfección con las obsesiones del personaje, así como su estética a lo Steve Jobs. En la película también se apunta que Isherwell es uno de los principales donantes en la campaña de la presidenta Orlean, un guiño a esas relaciones de poder intoxicadas entre políticos y las élites económicas.

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