Opinión

Un fraude del tamaño de una catedral

6 de diciembre de 2019, 3:00 AM
6 de diciembre de 2019, 3:00 AM

El fraude ha sido confirmado por la auditoría de la Organización de Estados Americanos a los comicios del 20 de octubre. Con base en pruebas periciales de alta complejidad y de diversa especialidad, el informe de 95 páginas concluye que hubo al menos 12 hechos dolosos y 13 irregularidades graves para manipular el resultado de la elección. Significa acciones deliberadas y planificadas para hacer ganar a un candidato llamado Evo Morales. Al leer el detalle del documento, no se puede dejar de estar sorprendido por lo burdo de las maniobras, por la manera grotesca en que se quiso forzar un resultado. ¿Fue soberbia o fue desesperación? No se sabe, lo que sí queda claro es que ahora sobra cinismo en muchos gobernantes que insisten en que no hubo fraude y que el “presidente indígena” fue víctima de un golpe de Estado.

Morales, desde la comodidad con la que vive en México, no ha parado en su afán de causar violencia en Bolivia. En sus argumentos tuiteros dice que el informe de la OEA es político. Sin embargo, los expertos auditores de este organismo presentan un documento en el que, aparte de las conclusiones, se detallan una a una las 217 denuncias ciudadanas que les hicieron llegar; las pericias caligráficas, las actas revisadas, los informes solicitados al OEP y recibidos de parte de sus técnicos, así como una serie de gráficos que demuestran la manipulación y el dolo con que se actuó.

En palabras textuales del informe se habla de “abrumadora evidencia encontrada que permite identificar acciones dolosas encaminadas a alterar la voluntad popular en las urnas”; al respecto, indica que el margen de triunfo logrado por Evo Morales es mínimo en relación con las irregularidades encontradas.

Para operar el fraude se actuó a todo nivel: en las mesas de votación, aparte de no hacer una rigurosa custodia a las actas de escrutinio, hubo gente del MAS que falsificó firmas y que rellenó documentos haciendo que gane Evo Morales en gran parte de las mesas. No solo eso, cuando los datos iban ingresando al sistema informático electoral, se manipuló el mismo a través de dos servidores escondidos y ajenos al OEP, desde donde primero iban revisando los resultados antes de su publicación y después se ocuparon de adulterarlos con la finalidad de que favorezcan a Evo Morales. Para conseguir ese objetivo, ordenaron parar la recepción de datos en el Sistema de Transmisión Rápida (TREP) sin explicación y a la mala.

Según una carta enviada por técnicos del OEP a los responsables de la auditoría, la existencia de dos servidores ocultos desde donde se manipularon los resultados fue autorizada por los vocales de la institución. Obviamente, nada de esto hubiera sido posible sin la participación del ejecutivo de Neotec, quien tenía todas las claves de acceso. Además, surge la figura de un asesor informático que no era parte del Tribunal Electoral, pero que tenía amplios poderes para tomar decisiones. Todos ellos son parte de la arquitectura armada para el fraude.

En Bolivia hubo una revolución contra esa soberbia de creerse todopoderosos y manipular sin reparos a todo nivel. Entonces, los administradores de justicia no pueden permitir que el fraude y los múltiples delitos que se emplearon para cometerlo queden en la impunidad. Los vocales del TSE están presos, pero son el eslabón más débil. Si el fraude favoreció a Evo Morales, es de suponer que él y su entorno de poder sabían de toda la manipulación que se realizaba para lograr ese objetivo. La investigación no debe parar hasta castigar con todo el peso de la ley a todos los que fueron parte de este negro capítulo de la historia que no debe repetirse.

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