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Un mundo de ficción

Fernando Suárez Sanguino 12/9/2020 05:00

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Si tuviera que escribir una película de ciencia ficción me inclinaría por la siguiente trama. En un aeropuerto del mundo, durante las millones de horas de escala que se hace para viajar de un país a otro, un joven con una carrera brillante, opositor, con una oratoria admirable que hace temblar a cualquier gobierno, pide una taza de té en una de las tantas cafeterías, se lo toma, sigue leyendo su libro titulado: “Un dulce olor a muerte” de Guillermo Arriaga.

Media hora después, ya en el aire, tiene un pequeño retorcijón de estómago, por su poros empiezan a emanar sudores fríos, las náuseas se hacen presentes, vomita, le viene mareos, su ritmo cardiaco se acelera, cierra los ojos, se desmaya.

Rápidamente, las azafatas buscan un doctor entre los pasajeros, había uno, que le da los primeros auxilios y solicita el descenso de inmediato, el avión retorna al lugar de origen, en el aeropuerto, las ambulancias esperan ansiosas para llevar al enfermo, aterrizan, el joven, es llevado a la sala de un hospital donde fallece a los días. El informe detalla que la muerte se debe a un envenenamiento con Novichok, un potente agente químico.

Sin duda, este pequeño relato se podría plasmar en una película de ciencia ficción o en una serie de Netflix, y estoy convencido que muchos querrían verla pero pocos la asociarían a un hecho real.

El mundo está deshumanizado. Nunca se nos pasó por la cabeza que un virus produzca tanta muertes en el mundo y existen muchos indicios (no demostrables) que su concepción y diseminación es humana. Nunca se nos pasó por la cabeza, que un periodista fuera brutalmente asesinado por trasmitir una información que involucraba un negocio ilícito. Nunca se nos pasó por la cabeza que millones de personas estén desaparecidas producto de una guerra entre cárteles. Nunca se nos pasó por la cabeza que un ex agente sea envenenado, él y su hija con un potente gas mientras disfrutada de una tarde en una plaza en Londres. Nunca se nos pasó por la cabeza que un grupo de personas ingresen a una sala de edición y maten a todos los periodistas. Nunca se nos pasó por la cabeza que un periodista estando en otro país ingrese a su embajada y no aparezca hasta el día de hoy. Nunca se nos pasó por la cabeza que un líder opositor sea envenenado con una taza de té.

Realmente… ¡qué mundo hemos construido! Ahora no nos extraña nada. Duele escribirlo pero no nos extraña nada de lo que pasa. Mi negativismo es extremo pero me cuesta digerir este tipo de noticias en este siglo.

“Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán”. San Mateo 24:10. Dios se apiade de nosotros.

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