1 de septiembre de 2022, 4:00 AM
1 de septiembre de 2022, 4:00 AM

Santa Cruz ingresa hoy en su mes aniversario, el glorioso septiembre que tanto nos emociona y nos da razones para sentir un inocultable orgullo por pertenecer a esta tierra, por ser parte de sus incesantes ganas de crecer, por su gente y sus culturas, y lo hace una vez más en medio de tensiones, como viene ocurriendo de manera casi constante en los últimos años.

Esta vez el disparador de las tensiones se llama Censo de Población y Vivienda, un asunto en el que la región tiene muy claro su objetivo: queremos la gran encuesta el año 2023 y no el 2024 porque Santa Cruz necesita información actualizada que demuestre que esta región creció considerablemente en su población y por tanto le corresponde recibir una mayor cantidad de recursos, así como una nueva asignación de representación política en forma proporcional a ese crecimiento.

El rechazo a la excesiva postergación del Censo tiene una razón: se sospecha que al Gobierno nacional le interesa hacerlo el 2024 o incluso más tarde o quizá nunca, porque detrás de ello hay un objetivo político que busca que nada cambie para las elecciones de 2025 y en parte también porque no le interesa que Santa Cruz se beneficie con una mejor asignación de recursos.

Hasta ahí, todos los actores cruceños están de acuerdo, con matices en la argumentación, pero que coinciden en el gran objetivo de Censo el 2023.

La diferencia, la división y la polémica nacen cuando se trata de identificar la ruta estratégica para conseguir ese objetivo. En la última reunión del Comité Interinstitucional cruceña por el censo, la Gobernación anunció que no invitará a las autoridades nacionales a los actos protocolares de celebración del 24 de septiembre.

El argumento del gobernador Luis Fernando Camacho fue que el año anterior los invitados del Gobierno mostraron violencia, hicieron juicios, y dijo que ahora la medida de no invitarlos se mantendrá ‘hasta que el Gobierno respete a Santa Cruz y respete la lucha cruceña’.

Pero si bien la región tiene razones para sentirse hostigada por el Gobierno nacional, cerrar la puerta a las autoridades nacionales no parece ser la medida más conveniente, porque eso implica manejar el mismo idioma de agresividad y confrontación que desarrolla el Gobierno del MAS. Y no solo eso, significa también darle al partido gobernante razones para victimizarse, en la que es experto para anotarse victorias políticas, y de allí a revertir los sentimientos y sumar a sus filas expresiones de apoyo de regiones y sectores sociales hay solo un paso.

Paradójicamente, esa radical posición de la Gobernación podría determinar la derrota cruceña en su lucha por tener un Censo oportuno el año 2023. Las estrategias del juego por el todo o nada suelen recoger simpatías de los sectores más radicalizados de Santa Cruz, pero no necesariamente garantizan un triunfo en contextos complejos donde el oponente no es un actor débil, sino todo lo contrario.

Hay quienes interpretan la posición de Camacho como distraccionista después de un periodo de escasa visibilidad de la figura política del gobernador; pero hay también quienes van más allá y observan en ese radicalismo una actitud funcional a los intereses del MAS. Se trata, en definitiva y más allá de esas lecturas, de una apuesta muy peligrosa en la que el jugador pone absolutamente todas sus fichas a una sola línea en una ruleta en la que hay varias otras posibilidades de acierto.

Los líderes de Santa Cruz tienen que actuar con más inteligencia que revanchismo, poniendo por delante las causas cruceñas antes que las estrategias partidarias o personales. Y otros debieran demostrar que están con los intereses de la región antes que de aliados del Gobierno central. Eso es lo que se espera de ellos en el inicio del mes cruceño.

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