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17 de abril de 2023, 4:00 AM
17 de abril de 2023, 4:00 AM

Por Carlos F. Toranzos Soria, escritor e investigador 

El desencuentro, o simplemente el encuentro de dos maneras de ver la política, es lo que ha determinado que Evo Morales se sienta triste y además traicionado. “Un nuevo enemigo” no es de ninguna manera un anzuelo para recomponer sino un tiro certero para romper.
Además, de añadido, “será porque soy indio”. Dice de verdad, lo que se esconde detrás de un proyecto en el que todos caímos, obnubilados por lo novedoso y lo ahora “nuestro”.

Todo apunta a que se cometieron los mismos errores de siempre. Un líder capaz de articular y un aparato que jura ser el motor, y sin embargo el líder es incapaz y el proyecto, ya se ha trasnochado.

Es una pena que nos encontremos otra vez en los orígenes de la historia política del país. Desde 1942 el lenguaje de cambio caló en el pópulo y se remitió a él precisamente el articular una nueva Constitución; una que no solo daba integridad a la plurinacionalidad, sino que reconocía como propias las 36 culturas, algunas más, otras menos, del entorno que no se reconoció jamás que existieran.

El mero reconocimiento ya albergaba la pauta de integridad respetando todos los aspectos de una nación múltiple en culturas, múltiple en lenguas. Y sin embargo la trampa cayó en vacío pues, de la 36 en realidad se hablaba de tres, quechua, aimara y guaraní. Sin embargo, había el resto y se debería considerar dentro del nuevo proyecto integrador. Integrador en defensa de lo que la Pachamama nos daba o nos quitaba, o nos apoyaba o nos desmantelaba.

Cuando el Tipnis nos asustó, no solo fue por el proyecto sino por la violación, precisamente, de terrenos donde no tenemos nada que ver. Cuando el oro contaminando y el litio enfermando, más nos alejamos de lo que de verdad parecía. Empezamos a mirar, un poco de lejos, un poco de cerca. Cada vez mas extracción de la Pachamama, cada vez más incongruencias con el proyecto de nuevo país. ¿Y dónde estaba la protección de lo que todos amamos? ¿Dónde está el respeto del que tanto se dice que admiramos?

¿Quién, en sano juicio, puede decir que todo estaba en los marcos de defensa de los derechos de la Madre Tierra, si hasta los alcaldes demandan talado de árboles sin ton ni son?

La Pachamama se ha hecho un chiste y la defensa de lo nuestro, un jolgorio. La política y las ideas anticolonialistas en el baúl de los que no entienden. Las lenguas originarias, para un examen mal hecho y para un punto muerto en el currículo de los mentirosos.

Ahora sí, enemigos, tenemos por decir que es imperioso reflexionar, pero los que aconsejan, y los que reciben los consejos, son capaces de ignorar que vivimos en un pueblo ya agotado de mentiras y de retórica falaz. Nadie es capaz de lanzar en la palestra la Constitución Magna, en toda su integridad. Es otra vez el escrito enfermizo de ideal, cuando de verdad debería ser la base de la creación de una nación libre y de un momento glorioso.

Todo muerto está tan muerto, que nadie sabe si hay entierro o no, pero el olor ya cunde y todos estamos con el pañuelo en la boca para no vomitar.

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