17 de agosto de 2023, 4:00 AM
17 de agosto de 2023, 4:00 AM

Las oscilaciones del péndulo político en Latinoamérica solían marcar la hoja de ruta de las relaciones exteriores entre sus países. Cuando gobiernos de una misma corriente política coincidían en los diferentes foros, el componente ideológico parecía cobrar mayor relevancia que las mismas agendas de cooperación.

Esa dinámica ahora está pasando a un segundo plano, gracias a que los nuevos mandatarios están buscando un relacionamiento mucho más pragmático con sus vecinos. Los múltiples problemas transfronterizos, la reactivación económica, el cuidado del medioambiente y otros temas de interés común ahora ocupan un lugar prioritario en sus programas de política exterior. En este nuevo escenario, Bolivia debe aprovechar para reconducir sus relaciones con los países de la región, sobre todo con quienes comparte fronteras.

Con Paraguay, por ejemplo, donde el economista Santiago Peña acaba de asumir la Presidencia, se abre la posibilidad para que Bolivia reactive temas económicos y encare el intenso tráfico de drogas por sus fronteras. Esto va en línea del programa de gobierno de Peña, que, entre otras cosas, busca el achicamiento del Estado y combatir la corrupción. Seguramente, el nuevo mandatario querrá abordar lo del crimen organizado de forma inmediata, motivado por el reciente impasse diplomático que se suscitó por un cargamento de cocaína decomisado en Europa, y por la búsqueda internacional del narcotraficante Sebastián Marset. 

El relacionamiento con Chile también ha dado giros significativos en el último tiempo. El fallo en La Haya –desfavorable para Bolivia–, ha opacado el eterno reclamo boliviano de una salida al mar en la agenda bilateral. Y –ante la ausencia de relaciones plenas–, ambos países han reactivado el Comité de Fronteras para combatir de manera conjunta las actividades del crimen organizado, como el tráfico de drogas, la trata de personas y el robo de vehículos, además de asuntos migratorios. Valga la oportunidad para poner mayor énfasis en temas de comercio exterior, considerando que cerca del 80% de las importaciones y exportaciones bolivianas pasa por puertos chilenos.  

Perú tal vez sea el país vecino con el que más se debe evitar relaciones ideologizadas. Hay susceptibilidad entre los peruanos por una supuesta injerencia boliviana en asuntos internos de ese país, y por las designaciones diplomáticas poco convencionales que Bolivia ha realizado. Ahora hay que enviar diplomáticos de carrera para reactivar la siempre importante relación comercial con este vecino. 

Los vientos de cambio también parecen soplar en Argentina. La victoria del ultraliberal Javier Milei, en elecciones primarias, da una pauta de lo que puede venir desde el sur del continente. Habrá que preparar una nueva estrategia para renegociar contratos energéticos y para atender los mismos problemas fronterizos que se tienen con Chile y Paraguay.

Ni siquiera con Lula, en Brasil, se puede pensar en una relación bilateral basada en la afinidad política. Incluso en la reciente cumbre de la Unasur, convocada por él mismo, los presidentes plantearon la necesidad de refundar ese organismo, pero sobre la base de la acción y de la competitividad en un nuevo contexto mundial.

En esa ocasión, el presidente Arce habló de buscar la complementariedad de los países de la región para ingresar de lleno a la transición energética, tecnológica y digital. Ahora más que nunca, esas palabras deben servir para que Bolivia reoriente sus relaciones exteriores con el resto del mundo, pero, sobre todo, con los que comparte extensas y vulnerables fronteras. 

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