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3 de agosto de 2023, 4:00 AM
3 de agosto de 2023, 4:00 AM

Por Ilya Fortún, comunicador social 


Las últimas noticias que dan cuenta de un poderoso narcotraficante uruguayo que vivía a sus anchas en Santa Cruz manejando como pasatiempo un club de fútbol de la segunda división y haciendo gala y ostentación de autos y casas por doquier, han activado nuevamente la vieja discusión acerca de los nexos del Movimiento al Socialismo con la coca, con la cocaína, con el tráfico de drogas y con las consecuencias de crimen y violencia que generan.

Más allá de las fantasiosas y caricaturescas semblanzas de un Evo Morales como padrino todopoderoso de un gigantesco cártel de cocaína que financia al bloque de regímenes populistas de la región, el hecho inocultable de que Chapare es la cuna y el reducto político más importante de Morales, sumado a la inmensa colección de escándalos de narcotráfico acumulados durante los casi tres lustro de gobiernos masistas, han sido factores sobre los cuales se ha sustentado y señalado esta relación entre política y crimen organizado, que tampoco es ninguna novedad en el resto del mundo.

No vamos a tratar en estas líneas de dilucidar si el origen del MAS y la naturaleza de sus gobiernos se explica a partir de la coca y la cocaína porque se trata es un asunto relativo y complejo que merece otro tipo de análisis, pero sí vale la pena señalar que la actual situación económica del país parece estar generando un nuevo escenario en el mercado de las drogas.

La gente no es tonta y se da cuenta de que algo especialmente raro está pasando si resulta que un capo de la droga que maneja producción, transporte, distribución y lavado de dinero y que es buscado por los servicios de inteligencia de los cinco continentes, se anda paseando como Pedro por su casa por la ciudad, jugando partidos de fútbol con público y todo. Tampoco hemos podido evitar reírnos un poquito cuando nos cuentan que tres mil efectivos movilizados en su captura no pudieron dar con él, siendo que sabían dónde vivía y que su casa estaba vigilada días antes del operativo.

Está más claro que el agua que el próspero charrúa gozaba de cierta protección oficial y que fue debidamente advertido de que sus acuerdos en Bolivia eran ya insostenibles debido a la presión personal que los ministros de gobierno de Uruguay y Paraguay ejercieron sobre el mozalbete que ostenta el mismo cargo en Bolivia. Por eso pudo escapar. Como siempre, el resultado del megaoperativo fueron tres vagonetas y tres casas que seguramente fueron compradas con plata del monedero.

Pero todo eso es lamentablemente parte de la anécdota y del folclore al que el masismo nos tiene acostumbrados. El tema de fondo que debe preocuparnos de verdad son las razones por las cuales el Gobierno tuvo que prestarse a este papelón. Al igual que usted seguramente lo hace, yo sospecho que detrás de esta creciente laxitud frente al narcotráfico, está obviamente la irresuelta crisis económica.

Es obvio que ni la propaganda gubernamental ni las declaraciones oficiales van a resolver la falta de reservas de gas, ni el agotamiento de reservas internacionales, ni la escasez de dólares en el mercado, ni sus impactos en términos de inflación y de empleo. Eso se resuelve con medidas económicas que el Gobierno no está en condiciones de adoptar y con plata que el Gobierno no tiene. Es por eso que entonces “no les queda otra” que darle rienda suelta total al narcotráfico y al contrabando.

Si durante años se taparon un ojo frente a esos dos temas, ahora han tenido que taparse los dos, porque si no la milagrosa y blindada economía de nuestro cajero/presidente se termina de caer a pedazos.

El narco y el contrabando hoy son seguramente un sustento imprescindible del aporreado modelo “made in Luchito”; no es por casualidad que una importante parte de la ciudadanía piensa que el contrabando se ha incrementado significativamente en el último tiempo. Esa misma gente asocia también automáticamente al narco con la figura de Evo Morales y piensa que la presencia del narcotráfico aumenta todos los días.

Tremendos remedios a la crisis económica los que tendremos que pagar todos los bolivianos.

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