Opinión

Un singular Día del Estado Plurinacional

22 de enero de 2020, 3:00 AM
22 de enero de 2020, 3:00 AM


El 22 de enero de los últimos años era una fecha que se asociaba a una recordación revanchista de quienes ejercían el poder político, al interminable discurso del expresidente Evo Morales, y a la obligatoriedad de todos los medios de comunicación a retransmitir el extenso mensaje bajo amenaza de sanción para quienes no lo hicieran.

Este primer 22 de enero sin Morales llega con otros simbolismos que no tienen relación con consignas ni penalizaciones, sino con la celebración de un Estado Plurinacional que se reencuentra, que se reconoce diverso y se propone inclusivo.

La fecha, que comenzó como un reconocimiento del anterior Gobierno al día de la primera posesión de Morales en el poder en el año 2006, y era coincidente además con la fecha en que en 2002 el líder cocalero fuera expulsado del Congreso, es hoy una fecha que los sectores populares hacen suya y Bolivia la resignifica en la forma de un país que incluye a todos sus habitantes.

Lo plurinacional pasó de ser una aspiración a un concepto con certificado de nacimiento, que tiene sus propios símbolos como la wiphala y la bandera del patujú. Si bien nacieron como una forma de resistencia y protesta contra la colonización española, terminaron convirtiéndose en símbolos de identidad que hoy nadie discute. Ni siquiera este Gobierno de transición, que acertadamente decidió respetar su celebración, así como el día feriado.

Con el paso de los años, la fecha se ha separado de sus autores. Con cierta generosidad y amplitud de visión política podría conservarse y convertirse como la segunda fecha del calendario anual que identifica a los bolivianos, junto a la del 6 de agosto; algo así como un símbolo del reencuentro de todas las identidades que conforman la República de Bolivia.

Al mismo tiempo, hoy se cumplen dos meses y 10 días de la gestión de la presidenta Jeanine Áñez, que tiene previsto dar un mensaje al país.

Hoy debía ser el final de un periodo constitucional, pero por razones extraordinarias la fecha nos encuentra a los bolivianos dentro de los 100 primeros días de un Gobierno transitorio, que comenzó conduciendo un país al borde de la guerra civil y durante los primeros 30 días se ocupó de apagar incendios y lograr acuerdos para la pacificación.

Después de ese periodo difícil, la administración de Jeanine Áñez ha tratado de devolver la normalidad al país, sin sobresaltos, con la misma estabilidad de los años anteriores, espantando algunos fantasmas, como la supuesta debacle económica, la ingobernabilidad social, o el aislamiento internacional.

A esto contribuyeron mucho la capacidad de dialogar y entenderse de los nuevos dirigentes del partido mayoritario en la Asamblea Legislativa, y el reconocimiento del nuevo Gobierno de que no se trataba de hacer borrón y cuenta nueva, sino reconocer las conquistas sociales que merecían mantenerse.

Es evidente el sorpresivo liderazgo de una mujer, Jeanine Áñez, que con una dosis de firmeza y otra de cautela está logrando una gestión exitosa, con alta aceptación popular como presidenta, aunque aún con difícil pronóstico como posible candidata a la Presidencia para las elecciones del 3 de mayo.

Bolivia merece la celebración de esta fecha, una oportunidad para abrazarnos todos y reconocernos como somos, sin odios ni revanchas, sino con unidad y esperanza.

 



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