Opinión

Una Bolivia incomprendida

29 de noviembre de 2019, 20:56 PM
29 de noviembre de 2019, 20:56 PM

“Bolivia siente ahora lo que una mujer violada cuando nadie le cree”. Esta frase viralizada en las redes sociales, luego de la renuncia de Evo Morales Ayma, expresó el sentir de varios ciudadanos bolivianos y su frustración por explicar al mundo que en el país no hubo un golpe de Estado.

Este último supuesto fue posicionado por el expresidente boliviano, luego de que renunciara a su cargo, producto de una movilización ciudadana masiva y un fraude electoral evidenciado. 

Sin embargo, algunos ciudadanos latinoamericanos han insistido en reaccionar de manera desproprocionada y despectiva frente a sus pares bolivianos, que cuestionan la gestión de Morales y el montaje de un supuesto golpe de Estado.
¿Cómo entender la deslegitimidad a las voces críticas a Morales frente a una acción opuesta en relación al expresidente boliviano?

A riesgo de escandalizar a los lectores, considero que una posible respuesta se encuentra en “La Conquista de América” de T. Todorov (1987). En este texto, el autor presenta cómo los conquistadores interpretaron a los indígenas de estas tierras, sin el reconocimiento complejo y completo de los mismos, de ese Otro que representaba la diferencia. 

Esto se podría ilustrar inicialmente con la descripción que hace el autor sobre Colón, quien interpreta la realidad en función a sus intereses y “no se preocupa por entender mejor las palabras de los que se dirigen a él” (p.25).

Al respecto, habrá que pensar cuántos bolivianos han tratado de explicar la compleja situación nacional a interlocutores de la región, a través de detalladas expresiones discursivas, para luego ser respondidos con una nominación reduccionista de “golpista”, sin la preocupación “por entender mejor”.

Asimismo, hubo algunos pares regionales que reaccionaron de manera aún más agresiva. Con un tono de superioridad frente a sus interlocutores bolivianos, trataron de indicar lo que “realmente” había ocurrido en Bolivia.
Esta lógica por tratar de imponer una verdad e invalidar la del Otro recuerda la figura de Sepúlveda, descrita por Todorov, para quien “esos bárbaros (…) en prudencia, ingenio y todo género de virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos” (p.164).

Finalmente, en el texto de Todorov también se encuentra una figura que explicaría por qué frente a estas formas de deslegitimar a ciudadanos bolivianos, se legitimó casi de inmediato el discurso de Evo Morales, posterior a su renuncia.

Este personaje es Bartolomé de Las Casas, quien respecto a los originarios indicó “no hay en el mundo gentes tan mansas ni de menos resistencia ni más hábiles e aparejados para rescebir el yugo de Cristo como éstas” (p.175).
Con este tipo de afirmaciones, Las Casas expresaría una visión esencialista de la condición indígena, entendida posteriormente como la del “buen salvaje”. Una descripción que impediría entender a ese Otro de manera compleja e incluso mucho más limitada que la del propio Sepúlveda, como afirmó Todorov en su texto (p.177).

Esa es la mirada que tendrían varios pares latinoamericanos sobre el expresidente boliviano, pues no le reconocen su capacidad por haber permitido casos de corrupción en su gestión, su ambición por perpetuarse en el poder, ni la violencia que haya podido ejercer. Él sería bueno por lo que representa y no por lo que es.

Así, Bolivia queda incomprendida y subestimada. Pero hay la posibilidad de cambiar esto con una apertura por el reconocimiento y el diálogo pleno… ¿podremos hacerlo amigos latinoamericanos?
 

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